La industria petrolera de Venezuela enfrenta un deterioro profundo tras décadas de mala gestión, caída productiva y endeudamiento. Tras los anuncios de Donald Trump en enero sobre el control estadounidense de Pdvsa, expertos advierten que recuperar el sector tomará una década y más de US$100.000 millones.

Mexconomy — Durante más de un siglo, el petróleo definió el pulso económico, social y político de Venezuela. Sin embargo, en la última década, la industria que sostuvo la modernización del país entró en una fase de deterioro acelerado, reflejada en la escasez de combustible, el colapso de la infraestructura y una producción que hoy apenas alcanza una fracción de su potencial histórico.

La crisis se evidenció con fuerza en 2020, cuando largas filas para cargar gasolina se convirtieron en parte de la vida cotidiana. En ese contexto, el 3 de enero, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, calificó a la industria petrolera venezolana como un fracaso y anunció que su gobierno asumiría un control directo del sector tras una operación militar en la que fue capturado Nicolás Maduro junto con Cilia Flores. Washington afirmó que empresas estadounidenses invertirían miles de millones para rehabilitar instalaciones y reactivar la producción.

El declive, no obstante, es previo a las sanciones impuestas en 2019. Venezuela pasó de producir más de 3 millones de barriles diarios a finales de los años noventa a cerca de 1 millón en la actualidad, pese a contar con las mayores reservas probadas del mundo, estimadas en 303.000 millones de barriles. Expertos como Luisa Palacios, del Centro de Política Energética Global de la Universidad de Columbia, señalan un deterioro técnico, financiero y operativo de Pdvsa, agravado por impagos y falta de mantenimiento.

El uso de los ingresos petroleros para financiar proyectos políticos durante los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, junto con un elevado endeudamiento externo que ronda entre US$150.000 y US$170.000 millones, debilitó la capacidad de inversión. Las refinerías operan hoy a menos de un tercio de su capacidad y el país quedó fuera del sistema efectivo de cuotas de la OPEP.

Actualmente, buena parte de la producción depende de asociaciones con empresas extranjeras como Chevron, ENI y Repsol, que asumen la mayor carga financiera. Analistas coinciden en que restaurar la industria requerirá al menos diez años, fuertes cambios institucionales y un marco jurídico confiable que permita atraer capital privado y reconstruir la columna vertebral económica del país.

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