La informalidad ya no retrocede: 33 millones sin contrato, sin IMSS, sin retiro. El campo absorbe lo que la industria expulsa, pero no acumula derechos. Cada año informal es deuda social diferida. El ascensor hacia la formalidad se está deteniendo.
Hay una narrativa reconfortante sobre la informalidad en México que los datos de ENOE marzo 2026 han terminado de romper. La narrativa decía que la informalidad era un fenómeno residual, heredado, que retrocedía gradualmente a medida que la economía maduraba. Que los hijos de los vendedores ambulantes terminarían en oficinas con contrato. Que el crecimiento, con el tiempo, formalizaría lo que la historia había dejado pendiente. Durante algunos años, los números acompañaron esa historia. Entre 2016 y 2019 la informalidad laboral bajó de 57.2 a 55.6 por ciento. La tendencia parecía confirmada. Entonces llegó la pandemia, luego la recuperación, y con ella algo que nadie en el discurso oficial quiso nombrar con precisión: la informalidad dejó de retroceder y comenzó a avanzar. En marzo de 2026 está en 54.8 por ciento, cubriendo a 33 millones de personas, con una trayectoria que ya no apunta hacia abajo.
El campo no es un puente
Cuando un trabajador pierde una plaza formal —con contrato, con IMSS, con ahorro para el retiro— y termina en la agricultura o en el comercio informal, las estadísticas registran una continuidad que la realidad no tiene. El indicador de ocupación no cae; en todo caso sube, porque el campo acepta a todos. Pero lo que esa persona pierde en el tránsito no es solo ingreso: es el acceso a un sistema completo de derechos acumulables. Sin IMSS, cada enfermedad es un gasto catastrófico potencial. Sin Afore, cada año trabajado no deja huella en ningún fondo de retiro. Sin historial laboral formal, ningún banco aprueba un crédito hipotecario. Sin contrato, no hay posibilidad de recurrir a la Junta de Conciliación y Arbitraje cuando el patrón incumple.
En 2025-2026, 452 mil personas engrosaron la fuerza laboral agrícola en México. No porque el agro mexicano haya mejorado su productividad ni porque hayan surgido oportunidades rurales genuinas. Sino porque el campo es el último eslabón disponible en una cadena de descenso que comienza con la pérdida del empleo formal y termina en la subsistencia. Los servicios diversos informales absorbieron otras 322 mil personas. El comercio, 227 mil más. Estos tres destinos concentran casi la totalidad del crecimiento de ocupación en el último año. Ninguno ofrece seguridad social. Ninguno acumula derechos. Ninguno produce la movilidad social que la narrativa oficial promete.
Lo que el indicador agrega como éxito —60.2 millones de ocupados, récord histórico— es en realidad la suma de dos procesos que van en direcciones opuestas: una minoría que mantiene o mejora su posición en el mercado formal, y una mayoría creciente que desciende hacia formas de trabajo que el siglo XX ya había superado parcialmente. Las condiciones críticas de ocupación afectan al 39.6 por ciento de la fuerza laboral, casi cuatro de cada diez trabajadores. Ese indicador mide a quienes trabajan menos horas de las que necesitan, ganan menos del salario mínimo o laboran en condiciones que el propio sistema clasifica como precarias. Su salto de 1.2 puntos porcentuales en un año es el mayor registrado en cinco años. No es una fluctuación: es una dirección.
La deuda social que no aparece en el presupuesto
El costo de la informalidad no es solo presente: es acumulativo y diferido. Cada año que un trabajador permanece fuera del sistema formal es un año sin aportación al IMSS, sin subcuenta de vivienda en el Infonavit, sin semana cotizada para una pensión futura. México tiene hoy una generación de trabajadores de entre 35 y 50 años —los que vivieron la informalización de los noventa, la crisis de 2009 y la pandemia de 2020— con historiales de cotización fragmentados que producirán pensiones insuficientes o nulas. La informalidad que registra ENOE 2026 no es solo el retrato de hoy: es la deuda social de 2040.
Y ese pasivo crece en el momento preciso en que la inteligencia artificial elimina las plazas formales que habrían sido el mecanismo de formalización para la siguiente generación. Los call centers que formalizaron a cientos de miles de jóvenes con preparatoria en la primera década del siglo ya no están contratando: están automatizando. Los servicios administrativos que absorbían egresados de universidades técnicas ya tienen software que hace ese trabajo. El ascensor que llevaba de la informalidad a la formalidad —trabajo, contrato, derechos, crédito, retiro— se está deteniendo en los pisos donde más se necesita.
Próxima entrega: El Nobel no tiene respuestas — por qué la teoría económica clásica de la destrucción creativa no predice lo que está ocurriendo con la IA, y qué implica eso para México.
Entregas anteriores:
— Entrega 1: El engaño de las cifras
— Entrega 2: Lo que la IA ya se llevó
Modelo econométrico completo: Modelo de Crisis de Empleo México 2026 · mexconomy.com
Informalidad laboral y condiciones críticas de ocupación en México (2016–2026)
Porcentaje de la población ocupada. La tendencia descendente de la informalidad se revierte a partir de 2020. Fuente: ENOE INEGI.

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