INEGI reporta inflación anual del 3.55% en la primera quincena de junio de 2026, la más baja desde 2021. El índice subyacente se mantiene en 4.12% y el no subyacente cae 1.14% quincenal por abaratamiento de frutas y verduras.

Mexconomy — Los precios al consumidor en México mostraron un respiro significativo en la primera quincena de junio, aunque la presión subyacente persiste y mantiene a la inflación por encima del objetivo de Banco de México. El Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) se ubicó en 145.274 puntos y registró una caída quincenal de 0.11%, mientras que la inflación general anual descendió a 3.55%, su nivel más bajo desde 2021, según los datos publicados este 24 de junio por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). En la misma quincena de 2025, la inflación anual fue de 4.51%, lo que implica una reducción de casi un punto porcentual en doce meses. El dato, sin embargo, sigue por encima del rango objetivo de Banxico (3% ± 1 punto) y refleja una dinámica de precios compleja, en la que el componente subyacente —el más persistente— se mantiene elevado.

El índice subyacente, que excluye alimentos agropecuarios y energéticos de alta volatilidad, aumentó 0.19% quincenal y 4.12% anual. Dentro de este, los servicios subieron 0.27% en la quincena y acumulan una inflación anual de 4.57%, mientras que las mercancías crecieron 0.11% quincenal y 3.65% anual. Los servicios de vivienda y educación —que tienen un peso de casi 20% en la canasta— reportaron variaciones anuales de 3.61% y 5.94%, respectivamente. El INEGI destaca en su comunicado: “El índice de precios subyacente, que excluye bienes y servicios con alta volatilidad o cuyos precios no responden a condiciones de mercado, incrementó 0.19% a tasa quincenal”. Este componente sigue siendo el principal desafío para la política monetaria, pues su inercia refleja rigideces estructurales en la economía.

El índice no subyacente, en cambio, cayó 1.14% en la quincena, impulsado por un desplome de 5.24% en los precios de frutas y verduras, que a su vez responden a factores estacionales y climáticos. Los precios agropecuarios en su conjunto descendieron 2.65% quincenal, y los pecuarios cayeron 0.62%. Sin embargo, los energéticos y tarifas autorizadas por el gobierno subieron 0.10% quincenal y 3.49% anual, con las tarifas autorizadas (como electricidad y gas) creciendo 7.01% anual, lo que evidencia la persistencia de costos regulados al alza. La inflación no subyacente anual se ubicó en 1.61%, muy por debajo del 5.25% de junio de 2025, gracias a la base de comparación elevada del año anterior.

Entre los productos con mayor incidencia al alza destacaron el transporte aéreo (13.75% quincenal), la papa (5.76%), el aguacate (18.51%) y la vivienda propia (0.15%). En el lado opuesto, el jitomate se desplomó 23.98%, el huevo 4.51%, el chile poblano 28.33% y los automóviles nuevos 0.72%. La combinación de estos movimientos sugiere que la caída de la inflación general es en gran medida un fenómeno de oferta agrícola, no de moderación de la demanda interna, que sigue débil según el PIB real del primer trimestre (-0.6% trimestral) y los indicadores de Banxico. El propio informe del INEGI señala que “el índice no subyacente descendió 1.14%” y que “los precios de frutas y verduras cayeron 5.24%”, lo que confirma que la baja es concentrada.

Las disparidades regionales son notables. Quintana Roo (0.31%), Aguascalientes (0.13%) y Colima (0.12%) registraron las mayores alzas quincenales, mientras que Tlaxcala (-0.68%), Puebla (-0.63%) y Hidalgo (-0.50%) experimentaron las mayores caídas. A nivel de ciudades, Cancún tuvo un incremento de 0.40%, y Izúcar de Matamoros una disminución de 0.85%. Estas diferencias reflejan la heterogeneidad en la composición de las canastas de consumo y en los mecanismos de formación de precios locales, lo que complica el diseño de una política monetaria única.

En el contexto del estancamiento económico que atraviesa México —con un crecimiento anual del PIB real de apenas 0.4% y una contracción trimestral del 0.6%—, la moderación de la inflación general ofrece un alivio al poder adquisitivo, pero no resuelve los problemas de fondo: la inversión productiva sigue deprimida, las secundarias caen y el empleo formal no despega. Banxico, en su informe trimestral, señaló que el balance de riesgos para la inflación es sesgado al alza por factores externos (conflicto en Medio Oriente, precios energéticos) y que la holgura económica no ha sido suficiente para anclar las expectativas de precios. La inflación subyacente por encima del 4% refuerza la postura restrictiva del banco central, que mantiene la tasa de interés en niveles elevados, lo a su vez frena el crédito y la inversión.

La canasta de consumo mínimo —que mide los precios de los productos básicos para la población en pobreza— cayó 0.37% en la quincena y creció 3.30% anual, ligeramente por debajo de la inflación general. Esto implica que los sectores más vulnerables enfrentan un encarecimiento de su canasta básica mayor al promedio en términos reales, aunque la brecha se ha reducido. El INEGI añade que, a partir de junio, la cotización del gas LP se basa en precios máximos de la Comisión Nacional de Energía, lo que podría generar ajustes metodológicos en el futuro. La inflación de junio, si se mantiene en este rango, podría ser el primer dato que permita a Banxico considerar un recorte de tasas en el segundo semestre, aunque la persistencia del componente subyacente y la incertidumbre internacional mantienen la cautela.

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