La inflación en Puebla cayó 0.63% durante la primera quincena de junio, la segunda reducción más pronunciada del país, impulsada por el desplome en los precios del jitomate y el chile poblano. Sin embargo, el encarecimiento de la canasta básica mantiene presión sobre los hogares poblanos.
Mexconomy — La economía familiar en Puebla encontró un alivio poco común durante la primera quincena de junio. Mientras la inflación nacional registró una disminución de 0.11 por ciento, la entidad reportó una caída de 0.63 por ciento en el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC), colocándose como la segunda con la mayor reducción del país, únicamente por detrás de Tlaxcala. El resultado refleja una disminución significativa en productos agrícolas de alto consumo, aunque el contexto general del costo de vida continúa mostrando señales de presión para las familias poblanas.
El comportamiento más destacado se observó en Izúcar de Matamoros, que registró una variación de -0.85 por ciento, convirtiéndose en la ciudad con la mayor baja inflacionaria de México durante el periodo analizado. Por su parte, la ciudad de Puebla presentó una disminución de 0.59 por ciento, mientras que otras regiones mostraron reducciones más moderadas, aunque también por debajo del promedio nacional.
Detrás de este comportamiento se encuentra principalmente el desplome en los precios del jitomate y el chile poblano. El primero registró una reducción de 23.98 por ciento, convirtiéndose en el principal factor que empujó la inflación a la baja. El segundo presentó una caída todavía más pronunciada, de 28.33 por ciento, luego de haber experimentado incrementos considerables semanas antes. La volatilidad de ambos productos evidencia la dependencia de factores estacionales, ciclos de cosecha y condiciones de mercado que impactan directamente el gasto cotidiano de los consumidores.
La situación del chile poblano resulta particularmente significativa para la entidad. A pesar de ser uno de los ingredientes más representativos de la gastronomía poblana, comerciantes de la Central de Abasto señalan que apenas alrededor del cinco por ciento del producto comercializado proviene de cultivos locales. La mayor parte llega desde estados como Zacatecas, Guanajuato, Querétaro, Hidalgo y San Luis Potosí, lo que vuelve a Puebla dependiente de condiciones productivas externas para determinar su precio.
Sin embargo, la disminución inflacionaria no refleja por completo la realidad del gasto familiar. Durante junio, la canasta básica alimentaria alcanzó los mil 938 pesos, su nivel más alto del año, con un incremento mensual de 4.76 por ciento. Productos como la papa, la naranja, el aguacate, el pollo y la carne de res mantuvieron aumentos relevantes, compensando parcialmente el beneficio generado por las reducciones en frutas y verduras.
El resultado deja una lectura dual para Puebla. Por un lado, la entidad logró posicionarse entre las de menor presión inflacionaria del país gracias al comportamiento favorable de ciertos productos agropecuarios. Por otro, el aumento sostenido de la canasta básica confirma que el poder adquisitivo de los hogares continúa enfrentando desafíos importantes. El descenso registrado en junio representa una tregua para los consumidores, pero los indicadores alimentarios sugieren que la estabilidad de precios aún está lejos de consolidarse.

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