Fabricantes de Detroit advierten que nuevas exigencias de contenido estadounidense podrían elevar sus costos en al menos 2,000 millones de dólares anuales por empresa, mientras negocian con Washington la revisión del acuerdo comercial norteamericano.

Mexconomy — Los fabricantes automotrices de Detroit se preparan para advertir a la administración de Donald Trump que una nueva ronda de exigencias comerciales podría elevar sus costos y debilitar su posición frente a competidores de Japón, Corea del Sur y Europa. La advertencia ocurre antes de las conversaciones que Estados Unidos y México prevén celebrar el próximo mes para revisar las reglas comerciales de América del Norte.

Uno de los puntos que más preocupa a la industria es la propuesta estadounidense de exigir que al menos 50% de los componentes de un vehículo sea fabricado en Estados Unidos para acceder a menores aranceles. Washington también plantea elevar el contenido total de componentes norteamericanos por encima del actual 75%. Estimaciones de dos fabricantes señalan que ambas condiciones podrían representar al menos 2,000 millones de dólares anuales adicionales para cada uno de los grandes fabricantes de Detroit.

Los nuevos costos se sumarían a una carga arancelaria que la industria ya enfrenta desde el año pasado por gravámenes al acero, aluminio, vehículos y autopartes procedentes de México y Canadá. General Motors calcula que el impacto bruto de los aranceles será de entre 2,500 y 3,500 millones de dólares durante 2026, mientras Ford estima un efecto neto cercano a 1,000 millones de dólares. La industria sostiene que sus competidores extranjeros enfrentan condiciones más favorables.

El descontento también está relacionado con los acuerdos comerciales alcanzados por Washington con Japón y Corea del Sur, cuyos fabricantes enfrentan una tarifa general de 15% para sus exportaciones hacia Estados Unidos. Mary Barra, directora ejecutiva de GM, señaló que la compañía busca garantizar que los fabricantes estadounidenses puedan competir frente a las condiciones concedidas a europeos, japoneses y coreanos.

Ford, entretanto, decidió anticiparse al nuevo escenario. La empresa anunció el traslado de la producción de modelos Lincoln destinados al mercado estadounidense desde China hacia plantas de Estados Unidos. Su director ejecutivo, Jim Farley, explicó que la compañía entendió rápidamente que debía modificar su estrategia ante la política comercial de Washington. El secretario de Comercio, Howard Lutnick, confió en que otros fabricantes sigan ese camino.

Las negociaciones con México y Canadá serán determinantes para definir el nuevo equilibrio de la industria automotriz regional. Stellantis dijo estar alentada por las conversaciones y planteó la necesidad de preservar vehículos accesibles, mientras los fabricantes estadounidenses buscan que un mayor contenido regional se traduzca en ventajas arancelarias sin incrementar costos hasta comprometer su competitividad.

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