Mientras la manufactura y el comercio cancelan plazas laborales, el gobierno se consolida como el principal empleador en Puebla. Con una informalidad laboral brutal (TIL1) del 70.9% y un 57.3% de trabajadores ganando apenas un salario mínimo, la economía regional sobrevive sostenida por el gasto público y las remesas.
Mexconomy — La radiografía del mercado laboral en Puebla durante el primer semestre de 2026 desnuda una profunda contradicción estructural. A pesar de que la tasa oficial de desocupación se mantiene en un aparente e inmejorable 1.8%, la calidad del empleo en la entidad se encuentra severamente deteriorada. Las condiciones críticas de ocupación (TCCO) afectan de manera alarmante al 46.1% de la población ocupada, mientras que la tasa de informalidad laboral (TIL1) se aferra a niveles crónicos que rondan el 70.9%, muy por encima del promedio nacional.
El desglose sectorial del empleo durante el periodo 2025-2026 expone el verdadero motor artificial de la economía estatal. Ante la atonía y contracción de la iniciativa privada —donde el comercio destruyó 21,176 puestos, los restaurantes perdieron 12,175 plazas y la industria manufacturera recortó 5,810 empleos—, ha sido el sector público el encargado de maquillar las cifras de ocupación. El rubro de gobierno y organismos internacionales registró una creación neta de 28,400 nuevos empleos, convirtiendo a la administración en uno de los principales empleadores formales de la entidad.
Este fenómeno revela un modelo económico altamente vulnerable y dependiente de los flujos gubernamentales y de la subsistencia informal. Con el 57.3% de los trabajadores poblanos percibiendo como máximo un salario mínimo y una dependencia crítica de las remesas familiares que alcanzaron 910.9 millones de dólares solo en el segundo trimestre de 2026, la economía del estado carece de un sector privado dinámico capaz de generar riqueza formal y salarios competitivos, hipotecando el bienestar social a la estabilidad presupuestal del aparato estatal.

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