La SHCP reporta un déficit presupuestario de 578,901 mdp en el primer semestre de 2026 (+19.5% real). Los analistas anticipan un déficit económico de 3.5% del PIB y RFSP de 3.2%. El gasto social récord y la caída del ISR (-6.2%) tensionan las finanzas públicas.
Mexconomy — Las finanzas públicas mexicanas muestran señales de deterioro acelerado en el primer semestre de 2026, en un contexto donde el gasto social alcanza niveles récord pero la recaudación tributaria no logra mantener el ritmo. El Balance del Sector Público, publicado por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), reportó un déficit presupuestario de 578,901 millones de pesos en el periodo enero-junio, lo que representa un incremento real anual de 19.5%. El Gobierno Federal fue el principal responsable de este deterioro, con un déficit de 814,635 millones de pesos (+27.3% real), mientras que los organismos de control presupuestario directo redujeron su superávit en 20.2% real, con el ISSSTE desplomándose 65.4% y el IMSS 12.6%. Los analistas del sector privado, consultados por el Banco de México, anticipan que el déficit económico cerrará 2026 en 3.5% del PIB (mediana) y los Requerimientos Financieros del Sector Público (RFSP) en 3.2% del PIB, por encima de las expectativas de junio.
La recaudación tributaria muestra un comportamiento mixto que explica la presión fiscal. El Impuesto sobre la Renta (ISR), que representa el 53% de los ingresos tributarios, cayó 6.2% real anual en el primer semestre, al pasar de 1,610.6 a 1,572.0 mil millones de pesos. La SHCP atribuye esta caída a "menores pagos asociados con la declaración anual de personas morales", lo que refleja la contracción de las utilidades empresariales en un contexto de estancamiento industrial y caída de la inversión privada (-1.9% acumulado en el IMFBCF). En contraste, el Impuesto al Valor Agregado (IVA) creció 10.6% real anual, el mayor incremento para un primer semestre desde 2014, impulsado por el fortalecimiento de las acciones de fiscalización y un consumo interno que, aunque frágil, mostró cierta resiliencia. El IEPS distinto de combustibles creció 9.1% real, mientras que los impuestos a las importaciones aumentaron 6.4%. La dependencia del IVA y la fiscalización, en lugar de un ISR robusto, es una señal de que la estructura tributaria mexicana sigue siendo vulnerable a la desaceleración económica.
El gasto público, por su parte, se ha disparado en rubros sociales. El gasto en desarrollo social aumentó 9.7% real anual en el primer semestre, el más alto desde que se tiene registro, con incrementos de 18.3% en salud, 13.5% en educación y 6.1% en protección social. Estos aumentos reflejan la prioridad del gobierno por proteger el bienestar de la población en un contexto de inflación persistente y empleo precario. Sin embargo, el gasto programable total creció 3.7% real, y la inversión física cayó 7.9% en el semestre, aunque repuntó 56.2% en junio. El gasto de operación, por su parte, se redujo 7.2% real por las medidas de austeridad. El costo financiero de la deuda disminuyó 4.8% real, gracias a la apreciación del tipo de cambio y a una estrategia de refinanciamiento que generó ahorros por 111 mil millones de pesos. La combinación de un gasto social creciente y una recaudación estancada ha ampliado el déficit, que la SHCP justifica como una inversión en capital humano y bienestar, pero que los analistas ven con preocupación.
La deuda pública se mantiene en niveles manejables como porcentaje del PIB, pero el saldo nominal crece. El Saldo Histórico de los Requerimientos Financieros del Sector Público se ubicó en 51% del PIB al cierre de junio, 1.6 puntos porcentuales por debajo de lo previsto, gracias al crecimiento nominal de la economía y a la apreciación del peso. La deuda neta del gobierno federal representó 47.8% del PIB, con un portafolio mayoritariamente en moneda nacional, a tasa fija y con vencimientos de largo plazo. Sin embargo, el saldo nominal de la deuda bruta aumentó de 18.115 billones a 20.355 billones de pesos en el semestre. La calificación crediticia soberana sigue bajo presión: Moody's rebajó la calificación de Baa2 a Baa3 y mejoró la perspectiva de negativa a estable, mientras que Fitch Ratings, S&P Global Ratings y R&I ratificaron sus calificaciones. México conserva el grado de inversión de las ocho agencias que evalúan su deuda soberana, pero la rebaja de Moody's es una señal de alerta sobre la fragilidad fiscal.
El balance primario, que excluye el pago de intereses, pasó de un superávit de 246,606.9 millones de pesos en el primer semestre de 2025 a uno de 124,825.6 millones en 2026, una caída real de 51.3%. Esto significa que el pago de intereses de la deuda está consumiendo una parte creciente del superávit primario, y que la capacidad del gobierno para financiar el gasto social sin aumentar el endeudamiento se está reduciendo. Los analistas consultados por Banxico consideran que el déficit económico y los RFSP se revisarán al alza en los próximos meses, y que la sostenibilidad fiscal dependerá de la recuperación del crecimiento y de la reforma fiscal. La SHCP, por su parte, destaca que el déficit fue inferior al programa en 358 mil millones de pesos y que los RFSP se mantuvieron en línea con las metas aprobadas por el Congreso. Sin embargo, la percepción de los especialistas es que el deterioro fiscal es estructural y que, sin un cambio en la trayectoria del gasto o de los ingresos, la deuda pública podría superar el 55% del PIB en los próximos años. Las finanzas públicas son el talón de Aquiles de la economía mexicana, y su fragilidad limita la capacidad del gobierno para estimular el crecimiento y proteger a la población en un entorno de incertidumbre global y debilidad interna.

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