El INEGI reporta una contracción trimestral del PIB turístico del 0.8% en enero-marzo de 2026, con un crecimiento anual de apenas 0.1%. El consumo receptivo se desploma 18.4% anual, mientras el turismo interno repunta 5.4%, reflejando la debilidad del turismo internacional.

Mexconomy — El turismo en México, uno de los sectores estratégicos para la generación de divisas y empleo, mostró signos de debilidad en el primer trimestre de 2026. El Producto Interno Bruto (PIB) turístico, medido por los Indicadores Trimestrales de la Actividad Turística (ITAT) del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), cayó 0.8% en términos reales respecto al trimestre anterior, con cifras desestacionalizadas, y apenas creció 0.1% en la comparación anual. El consumo turístico interior también retrocedió 0.7% trimestral, con un avance anual de 0.2%. Este desempeño contrasta con el crecimiento del PIB total de México (1.5% trimestral, 2.1% anual en el segundo trimestre), y confirma que el sector turístico, que en 2025 representó alrededor del 8% del valor agregado nacional, sigue rezagado frente al resto de la economía.

El comportamiento del turismo en el primer trimestre fue desigual. El consumo turístico interno —gasto de los mexicanos dentro del país— creció 0.5% trimestral y 5.4% anual, lo que indica que los hogares mexicanos mantienen su preferencia por viajar dentro del país, aprovechando los precios relativamente estables y la oferta de destinos nacionales. Sin embargo, el consumo turístico receptivo —gasto de visitantes extranjeros— se desplomó 5.9% trimestral y 18.4% anual, una caída drástica que refleja la menor llegada de turistas internacionales. Este retroceso se explica por la apreciación del tipo de cambio (que encarece México para los extranjeros), la persistencia de la incertidumbre global por el conflicto en Oriente Medio y la reducción del poder adquisitivo en economías clave como Estados Unidos, que es el principal emisor de turistas hacia México.

Por el lado de la oferta, el PIB turístico de bienes (artesanías, productos regionales, etc.) creció 0.3% trimestral y 0.7% anual, impulsado por el consumo interno. En contraste, el PIB turístico de servicios (hospedaje, transporte, alimentos, agencias de viajes) cayó 1.1% trimestral y 0.1% anual, reflejando la menor demanda del turismo receptivo y una moderación del gasto de los turistas nacionales en servicios de mayor costo. El índice del PIB turístico se ubicó en 112.2 puntos (base 2018=100), por debajo de los 113.2 del cuarto trimestre de 2025, lo que sugiere que el sector no ha logrado recuperar el impulso perdido en la post-pandemia.

El desempeño del sector turístico es consistente con la debilidad del empleo y el consumo que muestran otros indicadores del expediente. La ENOE de junio reportó una caída de 84 mil empleos totales, aunque los servicios de alojamiento y restaurantes crecieron en 139 mil puestos (según la SHCP). Sin embargo, la ENOE también mostró que la ocupación en restaurantes y alojamiento cayó 54,898 puestos en la comparación anual (de 5.0 a 4.96 millones), lo que coincide con la contracción del consumo turístico receptivo. La ENCO de julio reveló que los hogares tienen menos posibilidades de salir de vacaciones (36.9 puntos, una caída de 4.9 puntos anuales), lo que limita el impulso del turismo interno. La balanza comercial de junio mostró un superávit de 4,090 mdd, pero el turismo receptivo no está contribuyendo como antes: la caída del gasto de visitantes extranjeros reduce los ingresos por exportación de servicios.

La contracción del turismo receptivo es una señal de alerta. México ha dependido históricamente del turismo internacional para generar divisas y empleo en regiones como Quintana Roo, Baja California Sur y Jalisco. La caída del 18.4% anual en el consumo receptivo sugiere que el país está perdiendo competitividad frente a otros destinos, y que la apreciación del tipo de cambio (que en el segundo trimestre se apreció 2.6% frente al dólar) está afectando la llegada de turistas. Además, la SHCP reportó que los ingresos por el impuesto al hospedaje y otros servicios turísticos se han moderado, lo que limita la recaudación en los estados más turísticos. El Banco de México ha señalado que la incertidumbre global y la volatilidad cambiaria son riesgos para el sector, y el CESF advirtió que el deterioro de las perspectivas de crecimiento es el principal riesgo percibido por los intermediarios.

El primer trimestre de 2026 fue débil para el turismo, y los indicadores adelantados no son alentadores: la confianza del consumidor (45.0) sigue en territorio pesimista, y el Indicador Adelantado del SIC (100.8) ha desacelerado su ritmo de crecimiento, lo que anticipa una posible moderación de la actividad económica en los próximos meses. El gobierno ha apostado por el turismo como motor de desarrollo, con la promoción de destinos y la inversión en infraestructura, pero la realidad de los datos muestra que el sector enfrenta vientos en contra. La recuperación del turismo dependerá de la estabilidad del tipo de cambio, de la evolución del conflicto en Oriente Medio y de la capacidad de México para atraer visitantes de mercados no tradicionales. Mientras tanto, el PIB turístico se mantiene estancado, y el sector, que genera empleos de baja calificación en su mayoría, no está contribuyendo a la creación de empleos formales de calidad que el país necesita.

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