La inflación subyacente se niega a ceder mientras la economía se contrae. En este contexto la Junta de Gobierno del Banco de México consumó una nueva reducción de 25 puntos base en su tasa de referencia, llevándola a 7.25%, en una decisión que exhibe más debilidad institucional que convicción técnica.
Mexconomy Pro — La realidad que enfrenta Banxico es brutalmente clara: la economía mexicana se contrajo en el tercer trimestre, mientras la inflación subyacente permanece obstinadamente anclada en 4.24%, prácticamente sin movimiento respecto al mes anterior y 41% por encima de la meta del 3%. Esta paradoja —recesión con inflación persistente— coloca al instituto central en una encrucijada donde cualquier movimiento implica sacrificios mayúsculos.
El Banxico insiste en que la inflación general convergerá a la meta en el tercer trimestre de 2026, un pronóstico que suena más a wishful thinking que a análisis riguroso. Las expectativas de largo plazo "permanecieron relativamente estables en niveles por encima de la meta", admite, lo que en lenguaje llano significa que los agentes económicos simplemente no le creen al banco central.
La lista de riesgos al alza es abrumadora: depreciación del peso, persistencia inflacionaria, conflictos geopolíticos, tensiones comerciales y presiones de costos. Frente a esto, Banxico ofrece tres riesgos a la baja, siendo el principal "una actividad económica menor a la anticipada" —es decir, una recesión más profunda—. La asimetría es reveladora: el instituto está apostando a que la destrucción de demanda hará el trabajo sucio que la política monetaria no ha podido completar.
Capitulación y pragmatismo
El voto disidente de Jonathan Heath, quien prefería mantener la tasa en 7.50%, subraya la precipitación de esta decisión. La mayoría argumenta que consideró "el comportamiento del tipo de cambio, la debilidad que ha mostrado la actividad económica y los posibles impactos ante cambios en políticas comerciales". Traducción: están priorizando el crecimiento sobre la estabilidad de precios.
La mención a "cambios de política económica por parte de la administración estadounidense" que "siguen añadiendo incertidumbre" suena conveniente. El verdadero problema es doméstico: un banco central que enfrenta expectativas desancladas y una inflación subyacente que —con 4.24%— demuestra que los ajustes anteriores fueron insuficientes o prematuros.
La Reserva Federal también recortó 25 puntos base, pero desde una posición de fortaleza, con inflación convergiendo y economía sólida. México, en cambio, recorta desde la debilidad, apostando a que la contracción económica compensará la falta de disciplina monetaria. Es un juego peligroso donde el margen de error se ha evaporado.

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