El gobierno de Alejandro Armenta Mier ha presenciado indiferente cómo la economía poblana profundiza su caída: -0.7% anual en el segundo trimestre de 2025, con un desplome histórico del sector industrial del -5.8%. Los servicios apenas sostienen el empleo mientras la columna vertebral productiva del estado se desmorona sin que el ejecutivo estatal presente un plan de rescate.
Mexconomy — No hay milagros económicos. No hay recuperación producto de la propaganda. Lo que hay son números fríos que evidencian el abandono del sector secundario poblano: manufacturas, construcción y minería han entrado en una espiral descendente que ningún discurso oficial puede ocultar. La caída del 5.8% en las actividades industriales durante el segundo trimestre de 2025 no es una corrección técnica ni un fenómeno aislado: es el colapso de una estructura productiva que durante años fue el orgullo económico del estado.
Mientras tanto, el gobierno estatal insiste en narrativas vacías sobre recuperación y estabilidad. Pero los datos —inexorables— cuentan otra historia: Puebla se hundió al lugar 26 en el ranking nacional de crecimiento industrial, superando apenas a entidades devastadas por crisis estructurales como Guerrero y Veracruz. La región centro-sur avanzó gracias al dinamismo de Querétaro y Michoacán; Puebla, en cambio, fue un lastre que restó dinamismo a sus vecinos.
La contribución del sector secundario a la economía estatal fue negativa en 2.1 puntos porcentuales. Dicho de otro modo: sin el lastre industrial, Puebla habría crecido. Pero la inacción gubernamental ha permitido que las plantas manufactureras reduzcan producción, que las empresas constructoras paralicen proyectos y que miles de trabajadores industriales enfrenten incertidumbre. Los servicios, con un crecimiento de 2.2%, son el único dique de contención ante una recesión que ya no es coyuntural, sino estructural.
La industria no resucita con discursos
Lo que ocurre en Puebla no es un fenómeno natural ni una fatalidad geopolítica arancelaria. Es el resultado de la ausencia de política industrial. Mientras otros estados —Nuevo León, Guanajuato, Querétaro— diseñan estrategias para atraer inversión y fortalecer cadenas productivas, en Puebla la administración de Armenta Mier se ha caracterizado por el silencio y la omisión. No hay incentivos claros, no hay programas de reconversión industrial, no hay diagnóstico público sobre por qué las fábricas están cerrando líneas de producción.
La comparación es brutal: en el segundo trimestre de 2024, cuando la economía aún respiraba, las actividades secundarias crecían al 7.6%. Un año después, con Armenta en el poder, ese mismo sector se desploma casi 13 puntos porcentuales. No es casualidad. Es consecuencia de una gestión que ha priorizado la propaganda sobre la acción, que ha confundido los comunicados de prensa con políticas públicas, que ha creído que repetir mentiras sobre "recuperación" haría realidad lo que los números desmienten.
La pregunta ya no es si hay recesión —la hay, profunda y documentada— sino cuánto más caerá el empleo industrial antes de que el gobierno reaccione. Cada trimestre que pasa sin un plan serio para la manufactura poblana es una condena a miles de familias que dependen del sector secundario. Los milagros no existen. Las mentiras repetidas no construyen fábricas. Solo una política industrial responsable puede revertir esta tendencia. Y hasta ahora, no hay señales de que vaya a ocurrir.
Puebla: Recesión Industrial
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Fuente: INEGI. Indicador Trimestral de la Actividad Económica Estatal (ITAEE), comunicados 636/24, 221/25, 52/26, 591/25.

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