Un año al frente del gobierno estatal y Alejandro Armenta Mier entrega el peor dato económico del periodo: contracción del 1.3% anual en el tercer trimestre de 2025, con un sector industrial en caída libre del -7.3%. Los servicios, únicos en resistencia, crecen 2.2% mientras la administración insiste en discursos optimistas, pero los números desmienten con crudeza.
Mexconomy — Un año después de que Armenta Mier asumiera el cargo prometiendo transformación, Puebla no solo no avanza: retrocede con una velocidad que no se veía desde la crisis por COVID-19. El 1.3% de caída en la actividad total no es un dato menor: es la confirmación de que la recesión no fue coyuntural, sino el resultado de un gobierno que ha mirado hacia otro lado mientras la base productiva del estado se desmorona. El sector secundario, columna vertebral de la economía poblana, ha perdido 15 puntos porcentuales de dinamismo en apenas cinco trimestres: del 7.6% de crecimiento en el segundo trimestre de 2024 al brutal -7.3% actual.
La propaganda oficial ha intentado vender estabilidad, resiliencia y recuperación. Pero los números —fríos, duros, implacables— cuentan otra historia: Puebla se ha desplomado del quinto lugar nacional en crecimiento económico a mediados de 2024, al lugar 24 un año después. En el ranking de actividades secundarias, la caída es aún más estrepitosa: de ubicarse en el séptimo puesto en el segundo trimestre de 2024, hoy se arrastra en la posición 27, superando apenas a entidades devastadas por crisis profundas como Quintana Roo, Campeche y Tabasco. No es un tropiezo. Es un colapso.
La región centro-sur, que en el tercer trimestre de 2024 aún crecía al 2.8% gracias al empuje de Querétaro y Michoacán, ahora apenas avanza 0.5%. Y Puebla, lejos de ser motor, es lastre: su contribución al crecimiento regional se volvió negativa en -0.07 puntos porcentuales. Mientras Querétaro, Nuevo León y Guanajuato diseñan políticas industriales agresivas para atraer inversión, en Puebla el gobierno se ha limitado a inaugurar obras menores y repetir consignas como logros que no existe en ningún dato oficial.
Las mentiras no construyen fábricas
Lo más grave de este primer año de gestión no es solo la profundidad de la caída, sino la ausencia absoluta de diagnóstico y acción. No hay un plan público para la manufactura poblana. No hay incentivos fiscales claros para detener la fuga de inversión. No hay mesas de trabajo con el sector industrial que rindan resultados tangibles. Hay, en cambio, un silencio institucional que se ha vuelto cómplice del deterioro.
La evidencia es abrumadora: mientras Armenta Mier dedicaba sus primeros meses de gobierno a desplegar una intensa campaña de comunicación, la industria manufacturera poblana perdía empleos, cerraba líneas de producción y veía cómo la inversión se desviaba hacia entidades vecinas. Los anuncios de "nuevos proyectos" han sido, en su inmensa mayoría, reiteraciones de inversiones comprometidas en administraciones anteriores o pequeñas adecuaciones sin impacto real en la generación de valor.
¿Cuánto más tendrá que hundirse la economía poblana para que el gobierno abandone los discursos vacíos y enfrente la emergencia industrial con políticas concretas? Porque los milagros no existen. Las mentiras repetidas hasta el cansancio no resucitan empleos. Y la inacción, en un contexto de recesión estructural, no es neutralidad: es condena.
Un año de Armenta: Puebla Retrocede
Nota al lector: la gráfica interactiva está optimizada para su correcta lectura y exploración en pantallas de mayor tamaño (computadora o tableta). En dispositivos móviles, algunos detalles de ejes, etiquetas o series pueden visualizarse de forma limitada.
Fuente: INEGI. Indicador Trimestral de la Actividad Económica Estatal (ITAEE), comunicados 636/24, 221/25, 52/26, 591/25.

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