En 2012, mientras la mayoría de sus compañeros cofundadores presumían un iPhone 4, Jose Kont recuerda que él seguía usando un teléfono de botones. No era por falta de interés en la tecnología, sino porque todos sus recursos estaban destinados a la startup que intentaba sacar adelante.


Figuras y Negocios | Katherine Castelán.

Mexconomy — Esa frugalidad y resiliencia marcaron su camino como emprendedor y hoy le permiten entender mejor a los fundadores que decide apoyar como inversionista.

Kont reconoce que la incertidumbre es parte inseparable del emprendimiento, pero también advierte que no todo proyecto merece despegar. “Hay que aprender a diferenciar entre la resiliencia y la obstinación improductiva”, señala, recordando que un MVP no puede tardar años en validarse. Su experiencia lo ha llevado a ser directo con los fundadores y cuando una idea carece de estrategia, lo dice.

Para él, el problema en Latinoamérica no es la falta de talento, sino la ausencia de una estrategia nacional que brinde certeza jurídica tanto a emprendedores como a inversionistas. “¿Por qué las startups se constituyen en Delaware? Porque ahí los inversores encuentran garantías que nuestras regulaciones no ofrecen”, explica. La comparación es abismal, mientras en Israel existe 1 compañía financiada con capital de riesgo por cada 3,000 habitantes, en Latinoamérica la proporción es de 1 por cada 100,000.

El caso de Estados Unidos en los años 70 es un referente de la colaboración estado-emprendedor, una ley que permitió a diversas instituciones invertir en innovación, sembrando las bases de lo que hoy conocemos como Silicon Valley. En contraste, iniciativas como el Instituto Nacional del Emprendedor en México, que en su momento impulsaron la industria, fueron desarticuladas en el sexenio anterior, debilitando el ecosistema.

Aun así, hay señales positivas. El sector fintech se ha convertido en el más atractivo para el venture capital y México incluso superó a Brasil en inversión durante el tercer trimestre de 2025. Además, países como Chile y El Salvador han comenzado a ofrecer incentivos fiscales que atraen capital y talento.

Kont insiste en que el éxito de una startup no depende únicamente del dinero: “A veces lo que se necesita es un entorno que funcione: seguridad, internet confiable y regulaciones claras”. Elementos básicos que, aunque parecen ajenos al mundo de la innovación, son determinantes para que un ecosistema startup funcione.

jose kont, iphone 4, startup, mvp, latinoamerica, delaware, israel, estados unidos, silicon valley, instituto nacional del emprendedor, mexico, fintech, venture capital, brasil, chile, el salvador