El sector empresarial absorbió el alza salarial a costa de sus márgenes de utilidad, no en precios. Cumplió su parte del pacto. El Estado no generó las condiciones de productividad y certidumbre para compensarlo. La evidencia está en las cuentas nacionales. El Mexconomy MAP lo documenta.

Mexconomy ProEntre 2018 y 2025, el salario mínimo en México acumuló un incremento nominal de más del 200%. Los críticos predijeron una espiral inflacionaria. No ocurrió. La inflación general promedió 5.1% anual en ese período —elevada, pero explicada principalmente por choques de oferta globales, no por presión salarial doméstica. La razón por la que la espiral no se materializó no es un misterio: el sector empresarial mexicano absorbió el costo salarial comprimiendo sus propios márgenes en lugar de trasladarlo a precios. Eso es lo que revelan las cuentas nacionales del INEGI Boletín 368/26, publicado el 29 de mayo. Y esa decisión —consciente o no, individual o agregada— constituyó el cumplimiento de un pacto implícito con el Estado. Un pacto que solo cumplió uno de los dos firmantes.

El Mexconomy MAP —Modelo de Agregación y Prospectiva— permite documentar ese pacto con precisión que el debate público no ha tenido. El modelo no toma partido por el salario mínimo ni contra él: mide sus efectos sobre los componentes que determinan la trayectoria de largo plazo de la economía. Lo que los datos muestran es una asimetría que ninguna estadística oficial presenta de manera articulada: mientras el sector privado acomodó el choque redistributivo más grande en décadas, el Estado no generó las condiciones que habrían permitido recuperar lo cedido. La evidencia está en tres series de datos que el modelo articula como un argumento.

Lo que hizo el empresario: absorber, no trasladar

La teoría cuantitativa clásica predice que un aumento sostenido de costos salariales se transmite a precios. La secuencia es conocida: salarios suben, costos de producción suben, precios suben, inflación sube. En México esa secuencia se interrumpió en el segundo eslabón. Los costos salariales subieron —con fuerza y de manera sostenida— pero los precios no los siguieron a la misma velocidad. La diferencia entre lo que subieron los salarios y lo que subieron los precios la absorbió el excedente empresarial.

Indicador 2018 2025 Variación acumulada
Salario mínimo diario (pesos nominales) $88.36 $278.80 +215% nominal
Inflación acumulada (INPC) ~+42%
Salario mínimo real acumulado Base +124% real
Remuneración asalariados Q4 2025 (var. anual) +10.2% nominal
Excedente bruto de operación Q4 2025 (var. anual) +2.2% nominal
Brecha absorbida por márgenes empresariales 8.0 puntos porcentuales

Fuente: CONASAMI, INEGI Boletín 368/26 (PIB por Método del Ingreso y del Gasto Q4 2025, publicado 29 mayo 2026), Banxico. Elaboración: Mexconomy MAP v2.0.

Los números tienen una lectura directa. En el cuarto trimestre de 2025, los salarios formales crecieron 10.2% anual. Las utilidades empresariales crecieron 2.2% anual: por debajo de la inflación de 3.7%, lo que implica una caída real del excedente de operación de aproximadamente 1.5%. La diferencia entre lo que ganaron los trabajadores formales y lo que retuvieron las empresas —ocho puntos porcentuales— no desapareció: se transfirió. Fue la contribución silenciosa y no reconocida del sector privado a la política redistributiva del Estado. Las empresas mexicanas financiaron parte del logro social más citado del gobierno sin que el gobierno lo reconozca como lo que es: un subsidio privado a la política pública.

Salarios vs. Utilidades

Variación nominal anual: remuneración asalariados, excedente bruto de operación e inflación (%) | 2025 trimestral | Fuente: INEGI, Banxico. Elaboración: Mexconomy MAP v2.0.

La gráfica documenta la divergencia con precisión trimestral. En Q1 2025, salarios y excedente crecían a ritmos próximos —6.2% y 5.8%— y ambos por encima de la inflación. Conforme el año avanzó, la línea de salarios aceleró y la de utilidades cedió. En Q4, la distancia entre ambas llegó a 8.0 puntos porcentuales. La línea punteada de inflación —relativamente estable en torno a 3.7%— confirma que los precios no fueron el canal de transmisión. La tijera no se abrió por arriba, con precios que subían. Se abrió por abajo, con utilidades que cedían. Esa es la distinción que la teoría cuantitativa clásica no anticipó y que los datos de cuentas nacionales ahora documentan sin ambigüedad.

Lo que no hizo el Estado: las condiciones que nunca llegaron

Un incremento salarial sostenido solo es compatible con la inversión y el crecimiento si el entorno productivo mejora en paralelo. Las empresas pueden absorber costos crecientes durante un tiempo —ese tiempo lo documentan los datos de 2022 a 2024— pero eventualmente necesitan recuperar margen. Esa recuperación solo es posible por dos vías: trasladar a precios, o crecer en productividad. La primera fue contenida por la competencia y por la propia presión del mercado. La segunda requería que el Estado hiciera su parte.

La parte del Estado en ese pacto implícito era conocida: invertir en las condiciones que elevan la productividad total de los factores. Infraestructura que abarate la logística. Energía confiable y competitiva que reduzca costos industriales. Capital humano que eleve la calidad del trabajo. Certeza jurídica que incentive el CAPEX privado de largo plazo. El Mexconomy MAP captura ese compromiso incumplido en dos restricciones dinámicas que llevan años violadas:

Restricción MAP Condición incumplida Dato Trayectoria
R3 Inversión en capital humano e infraestructura por encima del umbral mínimo 1.4% del PIB en 2025 — mínimo histórico Cayendo desde 2019
R5 Productividad total de los factores no negativa PTF: 95.8 (2018) → 91.2 (2023) — deterioro de 4.6pp Manufacturas −2.0% Q1 2026

Fuente: OCDE/BID (PTF), SHCP (inversión pública), INEGI (IGAE Q1 2026). Elaboración: Mexconomy MAP v2.0.

La inversión pública cayó a 1.4% del PIB en 2025. Para contexto: el promedio de América Latina es de 4-5% del PIB; la recomendación de organismos internacionales para economías emergentes en proceso de industrialización es de 5-7%. México invirtió en infraestructura y capital humano menos de un tercio de lo que su posición competitiva requería. Los recursos no desaparecieron: se redirigieron. Por cada peso que el Estado dejó de invertir productivamente, 74 centavos fueron a sostener a Pemex, una empresa cuya producción cayó de 1,875 miles de barriles diarios en 2023 a 1,646 en enero-febrero de 2026. El Estado eligió financiar el pasado en lugar de construir el futuro.

La productividad total de los factores —el multiplicador dominante del sistema con parámetro α₂ = 1.545 en el Mexconomy MAP— cayó de 95.8 en 2018 a 91.2 en 2023, una pérdida de 4.6 puntos en cinco años. En el primer trimestre de 2026, las manufacturas registraron −2.0% anual, confirmando que el deterioro no se detuvo. Santiago Levy lo documentó con tres décadas de datos en Brookings: un peso en empresa formal genera 39% más PIB que en empresa informal. El corolario es directo: sin productividad que crezca, las empresas no pueden recuperar los márgenes que cedieron para financiar la política redistributiva. La tijera no se cierra. Se abre.

Índice PTF (base 1990=100) e inversión pública (% del PIB) | 2018–2026e | Fuente: OCDE/BID, SHCP, INEGI. Elaboración: Mexconomy MAP v2.0.

La correlación es visual e inmediata. Conforme la inversión pública cayó de 3.2% del PIB en 2018 a 1.4% en 2025, la PTF siguió la misma trayectoria descendente. No hay causalidad mecánica en una gráfica, pero sí hay consistencia con lo que la teoría del crecimiento predice desde Solow: sin inversión en los factores que elevan la productividad, la PTF no crece. Y sin PTF que crezca, el multiplicador α₂ = 1.545 del Mexconomy MAP opera en reversa: amplifica el deterioro en lugar de amplificar el crecimiento.

El resultado: la inversión que no llegó

La secuencia se cierra en los datos de inversión. Las empresas absorbieron el costo salarial durante 2022 y 2023 con márgenes que todavía lo permitían. En 2024, los márgenes ya estaban comprimidos y la señal llegó al CAPEX. En 2025, la desinversión fue explícita y trimestral:

Período FBCF var. anual Inversión privada Señal
Q1 2025 +4.1% Positiva Todavía aguanta
Q2 2025 +0.2% Umbral Márgenes al límite
Q3 2025 −5.0% Negativa Caída libre
Q4 2025 −1.9% Negativa Sin recuperación
2025 anual −0.8% −4.0% Año negativo completo
Construcción mar 2026 −5.3% Deterioro acelerado

Fuente: INEGI Boletín 368/26, INEGI IGAE marzo 2026, S&P Global Ratings. Elaboración: Mexconomy MAP v2.0.

La tabla documenta una secuencia que no es aleatoria. La inversión privada resistió mientras los márgenes lo permitieron. Cuando el excedente empresarial cayó por debajo de la inflación —Q3 2025— la inversión se derrumbó 5.0%. No fue una decisión ideológica del empresariado ni una huelga de capitales: fue la respuesta racional de agentes económicos que no pueden invertir con utilidades reales negativas y sin señales de que el entorno productivo vaya a mejorar. El fisco confirmó la misma lectura: el ISR cayó aproximadamente 5.0% real en enero-abril de 2026, porque las utilidades que grava se comprimieron antes de que el impuesto llegara a cobrar.

El Mexconomy MAP proyecta M(2026e) ≈ −1.38, en territorio negativo por primera vez desde 2020. A diferencia de aquel año —cuando el colapso fue externo y simétrico— el deterioro de 2026 es endógeno y asimétrico. Lo generó una política redistributiva que tuvo un logro real: el Gini bajó de 0.426 en 2018 a 0.394 en 2024. Pero ese logro tuvo un costo que las cuentas nacionales ahora documentan con datos de cuentas nacionales: el sector empresarial cedió margen, la inversión cayó, la productividad se deterioró y el Estado no generó las condiciones para que el ciclo se cerrara virtuosamente.

El salario mínimo logró lo que se propuso. El empresario mexicano acomodó ese logro sin incendiar los precios. Esa combinación —redistribución sin espiral inflacionaria— no es trivial: en otros contextos latinoamericanos con alta informalidad y presión salarial similar, los precios respondieron con violencia. En México no. El crédito de esa estabilidad le corresponde al sector privado, no a la política monetaria. Lo que México no tuvo fue la otra mitad del acuerdo: la inversión pública productiva, la energía confiable, la certeza jurídica y la productividad creciente que habrían permitido que el empresario recuperara lo cedido y volviera a invertir. Ese incumplimiento es lo que el modelo mide. Y lo que los datos, trimestre a trimestre, confirman.

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