La Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo del INEGI revela que en Puebla la informalidad laboral alcanza 70.9% y las condiciones críticas de ocupación suben a 46.3% en el primer trimestre de 2026. La destrucción de 47 mil empleos en manufactura evidencia que “ocupación” no es sinónimo de empleo. Alejandro Armenta consolida su posición como "El gobernador del desempleo".

PUEBLA DE ZARAGOZA, PUEBLA. — El mercado laboral poblano es un espejismo estadístico. Al primer trimestre de 2026, la tasa de desocupación apenas alcanza 1.8%, una cifra que cualquier gobernante presumiría. Sin embargo, detrás de ese número se esconde una realidad devastadora: 2.2 millones de personas trabajan en la informalidad, lo que representa el 70.9% de la población ocupada. El concepto de “ocupación” —que el INEGI define como haber trabajado al menos una hora a la semana— se convierte así en un mecanismo para maquillar la precariedad laboral.

Puebla sumó 56 mil ocupados más que en el mismo periodo de 2025, alcanzando 3.1 millones de personas. Pero el análisis fino revela un retroceso alarmante: “La mayor disminución se registró en la industria manufacturera”, con una pérdida de 47 mil plazas. La construcción creció 33 mil puestos, pero en su mayoría son informales y mal pagados. El comercio y los servicios diversos —sectores de baja productividad— concentran el nuevo empleo, mientras los grandes establecimientos expulsaron a 30 mil trabajadores y los micronegocios absorbieron a 51 mil, perpetuando la vulnerabilidad.

El indicador más escalofriante es la tasa de condiciones críticas de ocupación (TCCO), que mide a quienes ganan menos de un salario mínimo o laboran jornadas excesivas o reducidas. En Puebla, esta tasa subió de 45.3% en 2025 a 46.3% en 2026. Casi la mitad de la población ocupada sobrevive en el límite de la pobreza laboral. Además, el 57.1% de los trabajadores percibe hasta un salario mínimo, y apenas el 1.5% supera los tres salarios mínimos. La subocupación —personas que necesitan y pueden trabajar más horas— afecta al 6.2% de los ocupados, con 190 mil personas en esa situación.

Estos números adquieren una dimensión ineludible cuando se vinculan con la corrupción y opacidad del gobierno de Alejandro Armenta, quien asumió en diciembre de 2024. La Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental (ENCIG) 2025 ya había colocado a Puebla como la entidad con la peor satisfacción en trámites presenciales (73.4%), una tasa de víctimas de corrupción en aumento (15,185 por cada 100 mil habitantes) y la reserva de información financiera del Cablebús y de los viajes del gobernador en helicóptero por cinco años, entre otros factores que destruyen la economía formal. La combinación de un gobierno corrupto, ineficiente y opaco ahora se combina con un mercado laboral que destruye empleo formal mientras precariza al resto. Esto no es casualidad: es el resultado de una gestión que ha privilegiado deliberadamente la propaganda, las apariencias estadísticas, sobre la economía real y la dignidad de los trabajadores.

El sector secundario, pilar de cualquier desarrollo industrial sostenible, se desmorona. La manufactura poblana perdió 47 mil empleos en un año, una hemorragia que ningún aumento en el comercio o los servicios sociales puede compensar. Mientras tanto, la tasa de participación económica femenina sigue estancada en 47.5%, y la PNEA disponible (personas que no buscan trabajo pero aceptarían uno) cayó en 65 mil, lo que sugiere un desaliento creciente. La conclusión es inevitable: Puebla no tiene un problema de ocupación, tiene un problema de empleo de mala calidad, informalidad laboral rampante y un gobierno ausente en la econnomía real. Ocupación no es empleo, y el gobierno de Armenta parece empeñado en confundir ambos conceptos para ocultar su fracaso.

Fuente: INEGI. Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental (ENCIG) 2025; Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), primer trimestre de 2026 (publicación prevista el 25 de agosto de 2026). Elaboración propia con base en datos oficiales. La distinción entre “ocupación” y “empleo” formal es una observación crítica del análisis editorial.

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