El 12 de mayo de 2026, S&P Global Ratings cambió a negativa la perspectiva crediticia de México, confirmando BBB en moneda extranjera. El dictamen refleja crecimiento del 0.6%, deuda del 53.2% del PIB y un spread de Domar de 8.6 puntos que tensiona la sostenibilidad fiscal. El costo financiero de la deuda, equivalente al 4.1% del PIB, desplaza el gasto productivo.
Mexconomy — La calificación crediticia de un país no es un juicio político, sino un termómetro de confianza financiera. Cuando S&P Global Ratings revisó a negativa la perspectiva de México en mayo de 2026, el mensaje fue técnico pero contundente: la flexibilidad fiscal se ha debilitado, el crecimiento se estanca y los pasivos contingentes —especialmente de Pemex— materializan riesgos que el mercado ya descuenta. Para el Modelo Humanista Mexicano desarrollado y calibrado por Mexconomy con datos de 1982 a 2025, esta acción no es un accidente coyuntural: es la expresión externa de una tensión interna que el modelo cuantifica con precisión.
| Fecha | Acción | Moneda Extranjera | Moneda Local | Perspectiva |
|---|---|---|---|---|
| 13 dic 2024 | Confirmación | BBB | BBB+ | Estable |
| 08 sep 2025 | Confirmación | BBB | BBB+ | Estable |
| 12 may 2026 | Revisión a Negativa | BBB | BBB+ | Negativa |
Nota: El documento de S&P Global Ratings del 12 de mayo de 2026 no incluye el histórico completo de cambios de calificación anteriores a diciembre de 2024. Para consultar la serie histórica completa, se recomienda visitar la sección "Sovereign Ratings History" en spglobal.com/ratings o consultar el reporte "Sovereign Ratings History" del 21 de abril de 2026 mencionado en los artículos relacionados.
El coeficiente de crecimiento económico del modelo, dominado por la caída de la Productividad Total de los Factores con un multiplicador de α₂ = 1.545, explica por qué un PIB que crece apenas 0.6% en 2025 genera presiones fiscales desproporcionadas. Cada punto que cae la productividad arrastra al crecimiento en 1.55 puntos, y México acumula más de tres décadas de deterioro en este indicador. La paradoja que el discurso oficial omite es que se puede reducir el desempleo al 2.6% —mínimo histórico— y simultáneamente empeorar la calidad del empleo, con 54.9% de la población ocupada en informalidad. Ambas cifras son verdaderas; juntas revelan una economía que genera trabajo sin generar valor agregado sostenible.
La condición de Domar —cuando la tasa de interés supera la tasa de crecimiento— opera en México con un spread de 8.6 puntos porcentuales: interés promedio del 9.2% contra crecimiento del 0.6%. El modelo traduce esta brecha en una ecuación inexorable: sin un superávit primario de al menos 4.7% del PIB, la deuda crece sola. El superávit proyectado para 2026 es de apenas 0.5%. El costo financiero de la deuda —1 billón 524 mil millones de pesos en 2025, equivalente al 4.1% del PIB— desplaza gasto productivo sin que ningún legislador lo vote. Ese fenómeno, llamado crowding out fiscal, se traduce en menos infraestructura, menos inversión en capital humano y menor capacidad para revertir la caída de la productividad.
El modelo registra con igual rigor lo que funcionó: el coeficiente de Gini bajó de 0.426 en 2018 a 0.394 en 2024, la reducción más rápida en un sexenio desde que existe medición. El salario mínimo real creció de manera sostenida y la pobreza por ingresos cayó 5.6 puntos porcentuales. Pero la descomposición de la función de bienestar total M(t) revela que estos logros redistributivos —que aportan +0.014 puntos— son insuficientes para compensar el deterioro de la productividad (−0.076), el efecto de la deuda creciente (−0.025) y la incertidumbre institucional (−0.003). La suma es −0.090: el bienestar social total del modelo es 21.5% menor al cierre de 2025 que al inicio del período en 2019. Es decir, el Modelo Humanista está agotado.
La acción de S&P no invalida los avances redistributivos del modelo humanista; los sitúa en su contexto de sostenibilidad. Como señala el propio reporte de la agencia, México mantiene fortalezas institucionales, un banco central independiente y una posición externa sólida. Pero el margen para financiar transferencias sin reforma fiscal, sin política industrial de escala y sin formalización laboral acelerada se estrecha. El parámetro β₃ = +0.000427 del modelo —que establece que la deuda creciente eleva la desigualdad en el largo plazo— es la huella estadística de un patrón repetido: la redistribución financiada con deuda termina transfiriendo recursos de regreso hacia arriba cuando el servicio de la deuda desplaza el gasto social. La pregunta que ni S&P ni el modelo pueden responder es política: quién pagará el ajuste, a qué velocidad y con qué instrumentos.

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