Las importaciones de insumos productivos crecen 29.8% anual, casi el doble que las exportaciones de bienes terminados. México ensambla cada vez más con piezas extranjeras — y eso tiene un límite para la productividad de largo plazo.
Mexconomy Pro — En mayo de 2026, México importó bienes intermedios —insumos que se incorporan a procesos de producción para luego exportarse o venderse en el mercado interno— por un valor de 54,314 millones de dólares, un incremento de 29.8% respecto al mismo mes de 2025. Es la categoría de importación que más rápido crece, muy por delante de los bienes de consumo (+6.5%) y de los bienes de capital (+1.6%). Ese dato, leído junto con el resto de la información de comercio exterior y de cuentas nacionales que Mexconomy ha documentado en las últimas semanas, dibuja un patrón consistente: una proporción creciente del dinamismo exportador mexicano depende de ensamblar insumos extranjeros, no de producir valor agregado generado enteramente dentro del país.
Lo que entra para volver a salir
La estructura de las importaciones mexicanas en lo que va de 2026 confirma la magnitud de esta dependencia. De cada 100 dólares que México importó entre enero y mayo de 2026, 80.10 se destinaron a bienes de uso intermedio, 12.6 a bienes de consumo y solo 7.3 a bienes de capital —la maquinaria y equipo que amplía la capacidad productiva futura del país—. Esa proporción no es nueva, pero su aceleración reciente sí merece atención: los bienes intermedios no petroleros crecieron 27.3% en el acumulado del año, más del doble que el crecimiento de los bienes de capital.
Fuente: Servicio de Administración Tributaria, Secretaría de Economía, Banco de México e INEGI, Balanza Comercial de Mercancías de México, Boletín 404/26. Variación porcentual anual, mayo de 2026.
Este hallazgo no aparece de manera aislada. El Indicador de la Oferta y Demanda Global Trimestral (ODGT), publicado por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) el 18 de junio de 2026, ya había documentado que en el primer trimestre del año las importaciones totales le restaron 6.9 puntos porcentuales a la contribución del Producto Interno Bruto (PIB), el lastre más grande de cualquier componente de la demanda agregada. El dato de bienes intermedios de mayo es la pieza que explica con mayor precisión qué tipo de importación está detrás de esa fuga: no son principalmente bienes de consumo final que los hogares compran directamente, son insumos productivos que se incorporan a procesos de manufactura para luego salir nuevamente del país como exportación.
El modelo de plataforma, en números
El patrón se confirma también en la estructura de las exportaciones. En lo que va de 2026, el 91.0% del valor de las exportaciones mexicanas corresponde a bienes manufacturados. Pero la pregunta relevante no es cuánto se exporta, sino cuánto valor se agrega dentro de México antes de que ese bien cruce la frontera. Si las importaciones de insumos intermedios crecen casi al mismo ritmo —o más rápido— que las exportaciones de productos terminados, una parte sustancial del valor de esas exportaciones se originó fuera del país y solo pasó por territorio mexicano para su ensamblaje final.
Este modelo —comúnmente descrito como manufactura de plataforma o ensamblaje de exportación— no es nuevo en la economía mexicana; es, de hecho, la lógica que sostiene al Programa de la Industria Manufacturera, Maquiladora y de Servicios de Exportación (IMMEX) desde su creación. Lo que el dato de mayo de 2026 confirma es que esa lógica se está intensificando: el crecimiento de insumos importados (29.8% anual) supera ampliamente al crecimiento de la inversión en bienes de capital (1.6% anual), lo que sugiere que el dinamismo reciente se explica más por mayor volumen de ensamblaje con la capacidad instalada existente que por la construcción de nueva capacidad productiva doméstica.
Por qué esto importa para la productividad de largo plazo
Un modelo de ensamblaje de insumos importados puede generar empleo, divisas y crecimiento del PIB en el corto plazo —y de hecho lo está haciendo, como muestra el superávit comercial acumulado de 5,767 millones de dólares entre enero y mayo de 2026—. Pero tiene un límite estructural: el valor agregado nacional por unidad exportada es menor cuanto mayor es la proporción de insumos importados que esa unidad contiene. Esto es relevante para entender por qué la Productividad Total de los Factores (PTF) de México —la medida de cuánto más se produce con los mismos recursos de capital y trabajo— se ha mantenido deprimida incluso en períodos de fuerte crecimiento exportador: una economía que ensambla con cada vez más insumos extranjeros no necesariamente está generando más capacidad productiva propia, aunque sus cifras de comercio exterior luzcan sólidas.
El Mexconomy MAP v2.0 da seguimiento a esta tensión como parte de su diagnóstico estructural. El crecimiento que las cifras de comercio exterior reflejan es real y tiene efectos positivos inmediatos —divisas, empleo en sectores de ensamblaje, ingresos fiscales por la actividad—. Pero distinguir entre crecimiento que añade capacidad productiva propia y crecimiento que principalmente reorganiza insumos ajenos es la diferencia entre una economía que se fortalece de manera duradera y una que depende, trimestre tras trimestre, de mantener el mismo flujo de ensamblaje sin perder competitividad frente a otros países con costos laborales similares.
Fuente: Servicio de Administración Tributaria, Secretaría de Economía, Banco de México e INEGI, Balanza Comercial de Mercancías de México (BCMM), 26 de junio de 2026. INEGI, Indicador de la Oferta y Demanda Global Trimestral (ODGT), 18 de junio de 2026. INEGI, Programa IMMEX. Mexconomy MAP — Modelo de Agregados y Prospectiva v2.0. © 2026 HCS | Laboratorio Mexconomy, www.mexconomy.com

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