Banco de México incorpora la recompra de CETES y Bondes F desde el tercer trimestre de 2026 para administrar liquidez. La medida no modifica la postura monetaria restrictiva, en un entorno de inflación subyacente del 4.12% y estancamiento económico.

Mexconomy — El Banco de México amplió su arsenal de herramientas de política monetaria, pero sin ceder un ápice en su postura restrictiva. El instituto central anunció este 29 de junio que, a partir del tercer trimestre de 2026, podrá realizar operaciones de recompra de CETES y Bondes F con propósitos de regulación monetaria, complementando las ya existentes de venta de estos títulos. La medida, según el comunicado oficial, tiene como único propósito “administrar la liquidez del sistema financiero” y contribuir a que la Tasa de Interés Interbancaria a un día se mantenga alineada con la tasa objetivo fijada por la Junta de Gobierno. En un contexto donde el Producto Interno Bruto (PIB) real cayó 0.6% en el primer trimestre y la inflación subyacente se mantiene en 4.12% anual (por encima del rango objetivo de 3% ± 1 punto), la decisión refuerza la cautela del banco central ante riesgos externos e internos.

La novedad radica en la capacidad de inyectar liquidez mediante la compra de valores gubernamentales, una facultad que hasta ahora no estaba contemplada en el marco operativo de Banxico para propósitos de regulación monetaria. Hasta la fecha, el instituto solo podía drenar liquidez mediante la venta de estos instrumentos. Con la nueva herramienta, podrá actuar en ambos sentidos según las necesidades del mercado de dinero, lo que le otorga mayor flexibilidad para enfrentar episodios de estrés financiero sin tener que modificar la tasa de referencia. El comunicado enfatiza que “estas operaciones no modifican la postura de política monetaria”, un mensaje dirigido a los mercados para evitar interpretaciones expansivas. La decisión se produce en un momento en que el peso mexicano ha mostrado volatilidad por el conflicto en Medio Oriente y la incertidumbre en torno a la revisión del T-MEC, factores que ya habían sido señalados por el propio Banxico en su informe trimestral como riesgos al alza para la inflación.

El anuncio se enmarca en un diagnóstico de holgura económica y debilidad de la demanda interna, que el banco central ha documentado en sus reportes recientes. La economía mexicana no logra despegar: el Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE) de mayo de 2026, estimado por el IOAE, muestra un crecimiento anual de 1.1% pero sin variación mensual, y las actividades secundarias (industria y construcción) caen 0.2% en el mes. La inflación general, aunque ha bajado a 3.55% anual en la primera quincena de junio, sigue presionada por el componente subyacente, que refleja rigideces en servicios y mercancías. En este escenario, la nueva herramienta de liquidez busca evitar que disfunciones en el mercado de dinero distorsionen la transmisión de la tasa de interés, especialmente en un entorno donde la banca comercial ha mostrado cautela en el otorgamiento de crédito y el consumo privado se mantiene débil, como lo evidencia la caída de las compras por internet en zonas rurales (brecha de 20.9 puntos con las urbanas, según la ENDUTIH 2025).

La medida tiene implicaciones relevantes para el mercado de deuda gubernamental. La posibilidad de que Banxico recompre títulos puede influir en la curva de rendimientos, al absorber o liberar oferta de valores según las necesidades de liquidez. Esto podría dar mayor estabilidad a los precios de los bonos y reducir la volatilidad en el mercado de dinero, pero también genera interrogantes sobre el límite de estas operaciones. El propio comunicado señala que el monto máximo se dará a conocer en el Programa de Subastas de Valores Gubernamentales de cada trimestre, lo que sugiere que la herramienta se usará de manera discrecional y acotada. No obstante, el riesgo de que el mercado interprete la recompra como un primer paso hacia una flexibilización cuantitativa está presente, y el banco central lo anticipó al enfatizar que su único objetivo es “propiciar que la Tasa de Interés Interbancaria a un día se ubique en niveles congruentes con la tasa objetivo”.

La decisión de Banxico se suma a un panorama de incertidumbre global y doméstica. El conflicto en Medio Oriente ha elevado los precios energéticos y la volatilidad financiera, mientras que la revisión del T-MEC introduce un factor de riesgo adicional para una economía altamente dependiente del mercado estadounidense. En el frente interno, la persistencia de la inflación subyacente (4.12%) y el estancamiento del empleo formal —con una creación de puestos débil, según el informe trimestral de Banxico— limitan el margen de maniobra de la política monetaria. La nueva herramienta de liquidez no resuelve los problemas estructurales de la economía: baja inversión, caída de la construcción y manufacturas, y una brecha digital que profundiza la desigualdad. Sin embargo, otorga al banco central un mecanismo adicional para asegurar que la política monetaria restrictiva se transmita de manera efectiva a las tasas de mercado, sin ser distorsionada por choques de liquidez. El INEGI publicará el IGAE oficial de mayo el 23 de julio, y la inflación de la segunda quincena de junio el 10 de julio; ambos datos serán clave para evaluar si la cautela de Banxico está justificada o si la economía necesita un estímulo que, por ahora, el banco central no está dispuesto a dar.

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