La canasta alimentaria subió al doble de la inflación general durante dos meses. El alivio de junio en el precio del jitomate no revierte el daño ya hecho. La pobreza extrema mostró señales claras de incremento en la primavera de 2026.
Mexconomy Pro. — Entre abril y la primera quincena de junio de 2026, el precio del jitomate en México hizo un recorrido que pocos productos registran en seis semanas: subió 99.2% en términos anuales durante abril y la primera mitad de mayo, y luego se desplomó 23.98% en una sola quincena a inicios de junio. Esa montaña rusa no es solo una curiosidad de mercado. Es la ventana más clara para entender un fenómeno más serio: los hogares en el umbral de la pobreza extrema perdieron poder adquisitivo real durante la primavera de 2026, y aunque junio trajo un respiro parcial, ese respiro todavía no revierte el deterioro acumulado.
Lo que subió, y por qué importa más para quien tiene menos
Cuando el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) mide la pobreza extrema, no usa el promedio general de precios. Calcula el costo de una canasta alimentaria básica —los alimentos mínimos necesarios para no caer en pobreza extrema— y la compara contra los ingresos de los hogares. En abril de 2026, esa canasta costaba $2,599 mensuales por persona en zonas urbanas, con un incremento anual de 8.3%, más del doble de la inflación general de ese mes. En mayo, el costo bajó levemente a $2,597 y la variación anual se moderó a 6.9%, todavía casi el doble del Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) general, que se ubicó en 3.9% el mismo mes.
El responsable principal de esa presión fue, por amplio margen, un solo producto: el jitomate. En abril y la primera quincena de mayo, su precio subió 99.2% anual, explicando más de la mitad de la variación de la canasta alimentaria en zonas rurales y más de un tercio en zonas urbanas. Junto con la papa —que subió 57.3%— estos dos productos concentraron la mayor parte del encarecimiento que empujó a más hogares hacia el umbral de la pobreza extrema durante la primavera.
Fuente: INEGI, Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC), boletines quincenales, abril-junio 2026.
El respiro de junio, y por qué no basta
En la primera quincena de junio de 2026, el jitomate revirtió de forma abrupta: cayó 23.98% respecto a la quincena anterior. Otros productos que también habían presionado la canasta acompañaron la baja: el chile poblano retrocedió 28.33%, el chile serrano 15.21% y el huevo 4.51%. Como resultado, el conjunto de productos agropecuarios entró en terreno negativo en su comparación anual —una caída de 0.66%— y la inflación general de la quincena se ubicó en 3.55% anual, su nivel más bajo en varios meses.
Pero hay una distinción que no debe perderse en la lectura optimista de esa baja. La inflación subyacente —la que excluye los productos agropecuarios y energéticos más volátiles, y que refleja mejor la presión de costos persistente sobre la economía— se ubicó en 4.12% anual en esa misma quincena, prácticamente en el mismo nivel que un año antes. La mejora de la inflación general es, en una proporción considerable, un efecto de reversión de un choque agrícola transitorio —el jitomate volviendo a su nivel normal después de un pico extraordinario—, no una mejora estructural del poder adquisitivo de los hogares.
Esa distinción importa especialmente para los hogares en pobreza extrema, porque el daño que sufrieron durante abril y mayo no se revierte automáticamente cuando el precio baja en junio. Un hogar que tuvo que reducir su consumo de alimentos, endeudarse o vender un activo durante los dos meses de precios altos no recupera ese costo solo porque el jitomate vuelva a la normalidad. El daño económico de un choque de precios transitorio puede tener efectos que persisten más allá de la duración del choque mismo.
La fragilidad que el dato confirma
El deterioro de abril y mayo no ocurrió de forma aislada. Coincidió con un mercado laboral que, según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del INEGI, mostró señales de pérdida de calidad del empleo en el mismo período: la tasa de informalidad laboral subió a 55.2% en mayo de 2026, un aumento de 0.3 puntos porcentuales respecto al año anterior y el segundo mes consecutivo con esa tendencia al alza después de tres años de descenso sostenido. La tasa de condiciones críticas de ocupación —que mide a quienes trabajan muchas horas por un ingreso insuficiente, o pocas horas sin haberlo decidido— se ubicó en 38.7%, un salto de 2.4 puntos porcentuales en un año, el mayor de los últimos cinco años.
La combinación de ambos fenómenos —una canasta alimentaria que subió al doble de la inflación general durante dos meses, y un mercado laboral que simultáneamente perdió calidad y formalidad— es la base empírica más sólida que existe hasta ahora para sostener que la pobreza extrema, particularmente en su componente alimentario, mostró señales de regresión durante la primavera de 2026. Es una afirmación que debe hacerse con la cautela que exige cualquier conclusión basada en pocos meses de datos: no equivale todavía a una tendencia estructural confirmada, pero sí documenta un deterioro real y medible que el alivio de junio en el precio del jitomate no borra.
El Mexconomy MAP v2.0 seguirá monitoreando si el respiro de junio se sostiene en los próximos boletines de Líneas de Pobreza, o si la presión sobre la canasta alimentaria vuelve a intensificarse con otros productos. Lo que ya puede afirmarse con los datos disponibles es que, durante al menos dos meses, los hogares más vulnerables de México enfrentaron un costo de subsistencia que crecía mucho más rápido que sus ingresos —y que ese costo no se revierte con la misma velocidad con la que subió.
Fuente: INEGI, Líneas de Pobreza, boletines de abril y mayo de 2026. INEGI, Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC), boletines quincenales, abril-junio de 2026. INEGI, Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), Boletín 403/26, mayo de 2026. Mexconomy MAP — Modelo de Agregados y Prospectiva v2.0. © 2026 HCS | Laboratorio Mexconomy, www.mexconomy.com

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