La SHCP reporta que la recaudación tributaria creció solo 0.4% real en el primer semestre de 2026, mientras el PIB avanzó 2.1%. El ISR se desplomó 6.2% por menores utilidades empresariales, pero el IVA repuntó 10.6% por mayor fiscalización y consumo.

Mexconomy — La paradoja de la economía mexicana se hizo evidente en las finanzas públicas del primer semestre: el Producto Interno Bruto (PIB) creció 2.1% anual en el segundo trimestre, según la estimación oportuna del INEGI, pero la recaudación tributaria apenas avanzó 0.4% en términos reales. Los datos de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) revelan que los ingresos totales del sector público presupuestario sumaron 4,277.4 mil millones de pesos, prácticamente sin variación real respecto al mismo periodo de 2025, y se ubicaron 141 mil millones por debajo de lo programado. Este estancamiento recaudatorio ocurre en un contexto de crecimiento económico, pero con una estructura que muestra una fuerte dependencia del consumo y la fiscalización, en lugar de la inversión productiva.

El comportamiento de los dos principales impuestos explica la aparente contradicción. El Impuesto sobre la Renta (ISR), que representa el 53% de los ingresos tributarios, cayó 6.2% real anual, al pasar de 1,610.6 mil millones a 1,572.0 mil millones de pesos. La SHCP atribuye esta caída a “menores pagos asociados con la declaración anual de personas morales”, lo que sugiere que la utilidad de las empresas se contrajo en el primer semestre, coincidiendo con el estancamiento industrial y la caída de la inversión. En contraste, el Impuesto al Valor Agregado (IVA) registró un crecimiento real de 10.6%, alcanzando 880.1 mil millones de pesos, 99.5 mil millones más que en 2025. Este es el mayor incremento para un primer semestre desde 2014, impulsado por el fortalecimiento de las acciones de fiscalización y un consumo interno que, aunque moderado, se mantuvo resiliente.

La caída del ISR es la señal más clara de que el crecimiento del PIB no está llegando a las utilidades empresariales. Mientras el sector primario creció 7.3% anual y los servicios 2.5%, la industria (secundarias) apenas avanzó 0.8% anual en el segundo trimestre, con un acumulado enero-junio de -0.1%. La inversión privada sigue deprimida: las importaciones de bienes de capital crecieron solo 8.8% en junio, y la formación bruta de capital fijo en abril mostró un avance mensual de 4%, pero insuficiente para compensar la caída de los trimestres anteriores. En este contexto, las empresas reportaron menores utilidades, lo que se tradujo en una menor recaudación del ISR. La SHCP señala que la recaudación por sueldos y salarios se mantuvo sólida, pero el componente de personas morales —que refleja la rentabilidad empresarial— fue el que falló.

El repunte del IVA, por otro lado, obedece a dos factores: una mayor vigilancia en las aduanas y un consumo interno que, aunque frágil, mostró cierta resistencia. El consumo privado avanzó 0.1% mensual en abril, y el comercio al por mayor creció 11.9% anual en mayo, según el IGAE. Además, la actualización de tarifas arancelarias a países sin tratado comercial con México benefició los impuestos a las importaciones (+6.4% real). Sin embargo, la dependencia del IVA —un impuesto regresivo que grava el consumo— y de la fiscalización administrativa, en lugar de un ISR robusto, plantea interrogantes sobre la sostenibilidad de la recaudación. La SHCP destacó que en junio la recaudación del IVA aumentó 53.6% real anual, pero este dato excepcional responde a medidas de control, no a un crecimiento orgánico de la actividad económica.

La recaudación estancada es un síntoma de la fragilidad estructural de la economía mexicana. Mientras el PIB crece impulsado por el sector primario y el gasto público, la inversión y la industria —que generan empleos formales y utilidades empresariales— permanecen débiles. La caída del ISR obliga al gobierno a financiar el déficit con mayor endeudamiento, aunque la deuda como porcentaje del PIB se mantiene en 51%. La estrategia de la SHCP de fortalecer la fiscalización ha dado resultados en el corto plazo, pero sin una reactivación de la inversión privada y de la rentabilidad empresarial, la recaudación seguirá dependiendo del consumo y de medidas administrativas. El reto para la política fiscal es claro: transformar el crecimiento del PIB en mayores utilidades y empleos de calidad, para que el ISR vuelva a ser el pilar de la recaudación.

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