INEGI reporta caída de 84 mil puestos de trabajo en junio de 2026 y tasa de desempleo del 2.9%, la más alta desde 2021. La informalidad sube a 55% y las condiciones críticas de ocupación alcanzan 38.5%, el peor nivel en cinco años.
Mexconomy — El mercado laboral mexicano mostró signos de deterioro en junio, con una contracción del empleo total y un aumento del desempleo, en un contexto de estancamiento económico y debilidad de la demanda interna. La Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), publicada este 24 de julio por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), revela que la Población Económicamente Activa (PEA) se mantuvo prácticamente sin cambios en 61.9 millones de personas (apenas 48 mil más que en junio de 2025), mientras que la población ocupada cayó en 84 mil, situándose en 60.1 millones. La tasa de desocupación escaló de 2.7% a 2.9%, su nivel más alto desde 2021, con 1.79 millones de personas sin empleo activamente buscándolo. Este deterioro se produce en un entorno donde el Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE) de mayo creció 2.0% anual pero cayó 0.3% mensual, y el Producto Interno Bruto (PIB) real del primer trimestre se contrajo 0.6%.
La caída del empleo se concentra en los sectores de servicios profesionales, financieros y corporativos, que perdieron 308 mil puestos en el último año, y en servicios sociales, con 263 mil empleos menos. Estos son precisamente los sectores de mayor calificación y formalidad, lo que indica que la inversión privada en servicios especializados se está contrayendo, posiblemente por la incertidumbre sobre la revisión del T-MEC y la política monetaria restrictiva de Banxico. En contraste, la construcción sumó 139 mil empleos (4.74 millones de ocupados), aunque este dato contrasta con la caída mensual de 3.7% en la actividad constructora medida por el Indicador Mensual de la Actividad Industrial (IMAI) de mayo. El empleo en servicios diversos (+296 mil) y en el gobierno (+126 mil) también creció, reflejando el papel del gasto público como sostén de la economía en un entorno de debilidad privada.
La calidad del empleo se ha deteriorado de manera alarmante. La tasa de condiciones críticas de ocupación, que mide el empleo inadecuado por ingresos o jornada, saltó de 36.7% a 38.5%, el nivel más alto desde 2021. Esto significa que 23.1 millones de trabajadores (casi 4 de cada 10 ocupados) se encuentran en situación de precariedad: ganan menos de un salario mínimo, trabajan menos de 35 horas semanales por razones ajenas, o laboran más de 48 horas con ingresos bajos. La tasa de informalidad laboral subió de 54.8% a 55.0%, y la ocupación en el sector informal pasó de 28.8% a 29.8%, lo que indica que la creación de empleo se está dando en el sector no registrado, con menores ingresos y sin seguridad social. El número de trabajadores subordinados y remunerados creció en 91 mil, pero los trabajadores no remunerados (que trabajan en negocios familiares sin sueldo) cayeron en 234 mil, lo que sugiere que algunos de estos empleos de subsistencia están desapareciendo, sin ser reemplazados por empleos formales.
El ingreso de los trabajadores muestra una presión a la baja. La población ocupada que gana hasta un salario mínimo aumentó en 451 mil personas, alcanzando 27.37 millones (45.6% del total), mientras que quienes ganan entre uno y dos salarios mínimos se dispararon en 4.17 millones, pasando de 14.99 a 19.16 millones (31.9% de la ocupación). Este salto en los tramos bajos se debe en parte a la actualización de la base de salarios mínimos (enero de 2026), pero también refleja un estancamiento o descenso de los ingresos reales. En contraste, la población que recibe más de cinco salarios mínimos apenas creció en 65 mil, y los que no reciben ingresos cayeron en 369 mil. El INEGI advierte que estos indicadores son sensibles a los cambios en el salario mínimo y recomienda usar las cifras comparables disponibles en su sitio web.
La tasa de subocupación (personas que buscan más horas de trabajo) bajó de 7.4% a 6.6%, lo que implica que 489 mil personas dejaron de buscar más horas. Si bien esto podría interpretarse como una mejora, también puede reflejar desaliento: quienes antes buscaban un empleo o más horas ahora han abandonado la búsqueda. La población no económicamente activa (PNEA) creció en 1.72 millones, alcanzando 43.3 millones, y la PNEA disponible (que no busca trabajo activamente pero estaría dispuesta a trabajar) cayó de 12.1% a 10.9%, señal de que la falta de oportunidades está desincentivando la participación laboral, especialmente entre las mujeres (su participación cayó 0.8 puntos porcentuales). El desempleo juvenil es particularmente alto: 29.6% de los desocupados tienen entre 15 y 24 años, y el 58.1% de los desempleados cuenta con educación media superior o superior, lo que indica que los jóvenes con estudios enfrentan barreras de entrada al mercado laboral.
El mercado laboral mexicano refleja así una economía que no genera suficientes empleos de calidad. La inflación general de junio (3.37% anual) ha moderado el impacto sobre el poder adquisitivo, pero la inflación subyacente (4.03%) y la persistencia de la informalidad mantienen la presión sobre los hogares de menores ingresos. Banxico, en su informe trimestral, había señalado que la economía opera con holgura y que la debilidad del empleo es uno de los principales riesgos a la baja. El Consejo de Estabilidad del Sistema Financiero (CESF) también advirtió que el deterioro de las perspectivas de crecimiento es el riesgo más mencionado por los intermediarios financieros. Mientras el INEGI publica el IGAE de junio el 23 de agosto y el PIB del segundo trimestre a finales de ese mes, la ENOE de junio confirma que el empleo formal y de calidad sigue sin despegar, y que la precarización laboral se profundiza, con 23 millones de trabajadores en condiciones críticas y una informalidad que afecta a más de la mitad de la población ocupada.

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