El IOCP del INEGI estima que el consumo privado creció 2.5% anual en junio y 2.2% en julio de 2026, con una variación mensual de 0.2% y 0.0%, respectivamente. El índice se mantiene en 114.2 puntos, reflejando un consumo moderado en un contexto de inflación a la baja y empleo formal débil.
Mexconomy — El consumo privado, el principal motor de la economía mexicana, muestra signos de estabilidad, pero sin la fuerza necesaria para impulsar un crecimiento robusto. El Indicador Oportuno del Consumo Privado (IOCP), publicado por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), estima que el Indicador Mensual del Consumo Privado (IMCP) creció 2.5% anual en junio de 2026 y 2.2% en julio, con variaciones mensuales de 0.2% en junio y 0.0% en julio. El nivel estimado del índice se mantiene en 114.2 puntos (base 2018=100) para ambos meses. Este comportamiento refleja un consumo privado que se sostiene gracias a la moderación de la inflación general (3.12% en julio) y a los programas sociales, pero que no logra acelerarse debido a la debilidad del empleo formal y la persistente informalidad.
El consumo de bienes importados, que en mayo creció 8.5% anual, explica gran parte del dinamismo del consumo privado. La apreciación del tipo de cambio (2.6% en el segundo trimestre) ha abaratado los productos extranjeros, incentivando la demanda de bienes duraderos como automóviles y electrodomésticos, cuyas ventas han mostrado un buen desempeño (130,831 vehículos ligeros vendidos en julio, +3.4% anual). Sin embargo, el consumo de servicios nacionales se mantiene débil: en mayo, los servicios nacionales cayeron 0.1% anual, lo que refleja la contracción de sectores como el turismo receptivo (-18.4% anual en el primer trimestre) y la restricción del gasto en servicios de entretenimiento y restaurantes, especialmente en regiones con alta percepción de inseguridad como Puebla (81.3%), donde el consumo se ha visto afectado por la precaución de los hogares. La Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) muestra que el 42.0% de la población dejó de llevar cosas de valor por temor al delito, y el 35.9% dejó de caminar de noche, lo que impacta directamente en el consumo de servicios.
El IOCP se basa en modelos econométricos y técnicas de aprendizaje automático que utilizan variables de alta frecuencia, como ventas al menudeo, empleo formal, confianza del consumidor, consumo de electricidad y transacciones con tarjetas de crédito, entre otras. La estimación para junio y julio es consistente con los datos del Indicador de Confianza del Consumidor (ICC), que en julio subió a 45.0 puntos (+1.1 puntos mensuales), pero que en términos anuales cayó 0.7 puntos, reflejando la fragilidad de la percepción de los hogares sobre su situación económica. La propensión a comprar bienes duraderos, que es el componente más bajo del ICC (31.1 puntos), limita el potencial de crecimiento del consumo de bienes duraderos nacionales, que en el acumulado enero-mayo cayó 5.9%. El consumo privado, en su conjunto, crece a un ritmo de alrededor del 2.5% anual, muy por debajo del promedio de los años previos a la pandemia, lo que sugiere que la recuperación del consumo está siendo lenta y dependiente de factores externos.
La moderación de la inflación general ha sido un factor positivo para el consumo, ya que ha protegido el poder adquisitivo de los hogares. La inflación general de julio (3.12%) es la más baja desde 2021, y la inflación de la canasta de consumo mínimo (2.73% anual) ha aliviado la presión sobre los hogares de menores ingresos. Sin embargo, la inflación subyacente (3.95% anual) sigue siendo elevada, y los servicios, que representan una parte importante del gasto de los hogares, continúan presionando al alza (4.36% anual). La caída de los precios de las frutas y verduras (-3.11% mensual) y el gas LP (-1.00%) han contribuido a la moderación de la inflación, pero los aumentos en cebolla (18.97%) y transporte aéreo (4.11%) han contrarrestado parcialmente estos efectos. La política monetaria restrictiva de Banxico, que mantiene la tasa de referencia en 6.50%, limita la capacidad de los hogares para financiar el consumo a través del crédito, lo que se refleja en la cautela de los bancos para otorgar crédito al consumo, especialmente en los segmentos de tarjetas de crédito y crédito de nómina, donde las condiciones se han estrechado, según la Encuesta de Condiciones Generales de Crédito Bancario (EnBan).
El empleo formal sigue siendo el principal limitante del consumo. El IGPOSE de mayo mostró una caída anual de 1.3% en el personal ocupado de los sectores formales, y la ENOE de junio reportó una caída de 84 mil ocupados, con una informalidad del 55.0% y condiciones críticas de ocupación del 38.5%. La baja creación de empleos formales reduce la base de trabajadores con ingresos estables y acceso a seguridad social, lo que limita la capacidad de consumo de los hogares. Las expectativas de los especialistas para la creación de empleos formales en 2026 es de 292 mil, una cifra insuficiente para absorber a la creciente población económicamente activa. En este contexto, el consumo privado se mantiene gracias al gasto social récord (9.7% real anual) y a la resiliencia del consumo de bienes importados, pero no logra despegar. El IOCP anticipa que el consumo privado cerrará el mes de julio con una variación mensual de 0.0%, lo que sugiere que el segundo trimestre podría cerrar con un crecimiento moderado, pero insuficiente para impulsar la economía a un ritmo superior al 2.0% anual.

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