Los analistas privados anticipan para 2026 una economía mexicana de bajo crecimiento: inflación general de 4.0%, expansión del PIB de 1.2%, tasa de fondeo en 6.50% y un tipo de cambio de 17.88 pesos por dólar. El escenario mejora marginalmente, pero la recuperación permanece frágil y enfrenta riesgos que podrían limitar la inversión, el empleo y el crecimiento.
Mexconomy — La economía mexicana entra en la segunda mitad de 2026 con una perspectiva de recuperación, pero sin la fuerza suficiente para hablar todavía de un despegue. La Encuesta sobre las Expectativas de los Especialistas en Economía del Sector Privado, correspondiente a julio y elaborada por el Banco de México a partir de las previsiones de 42 grupos de análisis, muestra un escenario de avances modestos y persistentes restricciones estructurales.
El consenso privado elevó ligeramente su previsión de crecimiento para 2026: la mediana pasó de 1.10% a 1.20%. El ajuste coincide con un desempeño mejor al esperado durante el segundo trimestre, pero no modifica el diagnóstico de fondo: México crecerá poco frente a su potencial. De hecho, la percepción de riesgo aumentó. La probabilidad estimada de una contracción trimestral del PIB durante el tercer trimestre subió de 21.5% en junio a 28.2% en julio.
La debilidad no se limita a un indicador. La actividad industrial permanece prácticamente estancada: aunque el Indicador Mensual de la Actividad Industrial (IMAI) registró un crecimiento anual de 0.8% en junio, el acumulado enero-junio se mantiene en 0.0%. La inversión privada también retrocede, mientras las exportaciones automotrices registraron una caída de 9.7% en julio. El desempeño de la economía estadounidense —principal mercado externo de México— también representa un factor de cautela, con una expansión estimada de 1.9% anual.
En materia de precios, el panorama es más favorable, aunque todavía no está completamente resuelto. Los especialistas esperan que la inflación general cierre el año en 4.0%. La inflación subyacente también se ubicaría en 4.0%, después de registrar 3.95% anual en julio. El componente de servicios, con una variación de 4.36%, continúa siendo una de las principales fuentes de presión.
La expectativa de inflación explica parte de la cautela de Banxico. Los analistas prevén que la tasa de fondeo interbancario termine 2026 en 6.50%, sin nuevos recortes durante lo que resta del año. Al mismo tiempo, el rendimiento esperado de los Bonos M a 10 años aumentó de 8.75% a 8.85%, señal de que las condiciones financieras de largo plazo continúan incorporando riesgos fiscales e inflacionarios.
El peso, en cambio, conserva una posición relativamente favorable. La expectativa para el cierre de 2026 es de 17.88 pesos por dólar, aunque para 2027 los especialistas anticipan una depreciación gradual hasta 18.45 pesos. La apreciación registrada durante el segundo trimestre ha contribuido a abaratar importaciones y contener los precios, pero la revisión del T-MEC y la volatilidad internacional podrían modificar ese escenario.
El mercado laboral ofrece otra señal contradictoria. Los especialistas elevaron su previsión de creación de empleos formales ante el IMSS a 292 mil plazas durante 2026, mientras la tasa de desocupación permanecería en apenas 2.86%. Sin embargo, una baja desocupación no significa necesariamente un mercado laboral sólido: la informalidad alcanza 55.0% y las condiciones críticas de ocupación 38.5%. El problema, por tanto, no es únicamente cuántos empleos se generan, sino qué calidad tienen.
Las finanzas públicas añaden otra restricción. El déficit económico previsto para 2026 aumentó a 3.50% del PIB y los Requerimientos Financieros del Sector Público (RFSP) se ubican en 3.20%. Durante el primer semestre, el déficit del Gobierno Federal aumentó 27.3% real anual, mientras la recaudación del ISR disminuyó 6.2% real. Con un margen fiscal más estrecho, la capacidad del Gobierno para utilizar el gasto como motor de crecimiento también se reduce.
La encuesta revela, finalmente, el dato quizá más significativo: la confianza para invertir se deterioró. El porcentaje de especialistas que considera que es un buen momento para invertir cayó de 8% en junio a 0% en julio. Además, 68% espera que el clima de negocios permanezca sin cambios durante los próximos seis meses y apenas 24% anticipa una mejora.
Los obstáculos identificados por los propios analistas apuntan más allá del ciclo económico: inseguridad pública (21%), política de comercio exterior (15%), falta de estado de derecho (9%) y ausencia de cambios estructurales (9%).
La fotografía de julio, por ello, no describe una economía en crisis, pero tampoco una economía en expansión vigorosa. México tiene inflación encaminada hacia la estabilidad, un peso relativamente fuerte y una recuperación del PIB ligeramente mejor de lo previsto. Pero también tiene inversión débil, crecimiento insuficiente, empleo de baja calidad, restricciones fiscales y una confianza empresarial deteriorada.
La economía que viene crecerá, pero el verdadero desafío será convertir ese crecimiento modesto en inversión, productividad y empleos de mayor calidad. Sin avances en seguridad, estado de derecho y cambio estructural, la estabilidad macroeconómica corre el riesgo de convertirse en un techo, y no en el punto de partida para una nueva etapa de crecimiento.

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