Los ingresos por remesas en Puebla alcanzaron 910.9 millones de dólares en el segundo trimestre de 2026, un aumento de 2.4% respecto al trimestre anterior y de 4.2% frente al cuarto trimestre de 2025. La entidad concentra el 5.7% del total nacional y se mantiene como el séptimo mayor receptor de remesas en el país, según el Banco de México.

Puebla: Remesas EE.UU. - México

Fuente: Banco de México, Ingresos por Remesas por Entidad Federativa, 2026. Cifras preliminares.

Mexconomy — Las remesas se han consolidado como uno de los pilares invisibles de la economía poblana. Durante el segundo trimestre de 2026, la entidad recibió 910.9 millones de dólares por este concepto, lo que representa el 5.7% del total nacional. Este flujo ubica a Puebla en el séptimo lugar entre las 32 entidades federativas, por detrás de Guanajuato, Michoacán, Jalisco, Chiapas, Guerrero y Oaxaca, pero por delante de la Ciudad de México y el Estado de México.

El comportamiento trimestral de las remesas en Puebla muestra una trayectoria ascendente en los últimos tres periodos. Tras un descenso entre el cuarto trimestre de 2025 (889.9 mdd) y el primero de 2026 (831.5 mdd) —que coincidió con una caída generalizada de las remesas a nivel nacional, de 16,288 a 14,698 mdd— el segundo trimestre de 2026 registró una recuperación de 9.5% respecto al periodo anterior, superando el nivel de finales de 2025. Esta recuperación se alinea con la tendencia nacional, donde el total de remesas creció 9.3% en el mismo lapso, aunque la participación de Puebla en el total nacional se mantuvo estable entre el 5.46% y el 5.67% en los tres trimestres analizados.

El flujo de remesas a Puebla representa una inyección de liquidez superior al gasto en infraestructura pública de muchos estados. Para dimensionar su importancia, los 910.9 millones de dólares del segundo trimestre equivalen a más de 18 mil millones de pesos al tipo de cambio actual, una cifra que supera el presupuesto anual de algunas secretarías estatales. Este dinero llega directamente a los hogares, sin intermediarios ni burocracia, y se destina principalmente al consumo de bienes básicos, vivienda, salud y educación, dinamizando el comercio local y los servicios de baja escala.

La estabilidad de las remesas contrasta con la volatilidad de otros ingresos que recibe el estado. Mientras las transferencias federales por participaciones han caído en términos reales durante el primer semestre de 2026 —afectadas por el desplome del ISR y los ingresos petroleros— las remesas han mantenido su ritmo de crecimiento, ofreciendo un colchón financiero a las familias poblanas. Esta diversificación de fuentes de ingreso es crucial en un contexto donde la economía nacional crece a ritmos modestos (0.9% proyectado para 2026) y el empleo formal muestra señales de debilidad.

El origen de estas remesas —principalmente de Estados Unidos— y su distribución geográfica dentro del estado no están desglosados en los datos disponibles, pero la evidencia histórica señala que los migrantes poblanos se concentran en estados como Nueva York, California y Texas, y envían recursos a municipios de la mixteca y la sierra norte. Estos flujos han sido particularmente resilientes, incluso en momentos de crisis económica en el país receptor, lo que sugiere que la migración poblana está profundamente arraigada y que los lazos familiares mantienen un canal de transferencia constante.

Sin embargo, la dependencia de las remesas también conlleva riesgos. Una eventual desaceleración de la economía estadounidense, cambios en las políticas migratorias o una apreciación del peso frente al dólar podrían reducir el poder adquisitivo de estos envíos. Además, la concentración geográfica de la migración poblana podría hacer que la entidad sea más vulnerable a shocks regionales en Estados Unidos. Por ahora, las remesas siguen siendo un pilar de la economía familiar y un termómetro de la salud económica local, aunque su estabilidad no debe tomarse como garantía.

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