México crece 2.1% anual, pero la informalidad alcanza 56.2%, las condiciones críticas 38.9%, el empleo formal cae 1.5%, el déficit fiscal sube 19.5% y la inversión privada acumula -0.7% en el semestre. La recuperación es real, pero frágil y dependiente del gasto público.

Mexconomy — La economía mexicana crece, pero lo hace de manera frágil y desigual, atrapada en una pausa donde el consumo y el gasto público sostienen la demanda mientras la inversión privada y el empleo formal se contraen. El Producto Interno Bruto (PIB) real avanzó 2.1% anual en el segundo trimestre de 2026, revirtiendo la caída del trimestre anterior. Sin embargo, el empleo formal en sectores productivos cayó 1.5% anual, la informalidad alcanzó 56.2% y las condiciones críticas de ocupación subieron a 38.9%, su nivel más alto en cinco años. La economía genera valor, pero no empleos de calidad. El consumo privado cayó 0.4% mensual en junio, la inversión privada acumula una contracción de 0.7% en el semestre y el déficit fiscal crece 19.5% real, mientras la recaudación del ISR cae 6.2% real. El superávit comercial de 9,255 mdd oculta una dependencia estructural de insumos importados y un déficit en el sector externo en el primer trimestre.

El crecimiento del PIB es real, pero está concentrado en sectores que generan poco empleo formal: el sector primario (7.3% anual), el comercio al por mayor (11.3%) y el gobierno (4.3%). La construcción, que creció 4.8%, es intensiva en empleo, pero mayoritariamente informal. Las manufacturas, que son el principal generador de empleos formales, se contraen 0.4% anual y acumulan -1.1% en el semestre. El Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE) cayó 0.1% mensual en junio, y el IOAE estima para julio un crecimiento anual de 2.7%, pero con una variación mensual de solo 0.1%, lo que anticipa una desaceleración. La economía está en una pausa: crece, pero a paso lento, y el segundo semestre podría ser aún más débil si la inversión y el consumo no repuntan.

El deterioro del mercado laboral es la principal contradicción de esta recuperación. Mientras el PIB crece 2.1%, la población ocupada total cayó en 45 mil personas en julio, el empleo formal en sectores productivos se contrae 1.5%, y la informalidad y la precariedad alcanzan niveles récord. 23.6 millones de trabajadores están en condiciones críticas de ocupación, 34.1 millones en la informalidad y 27.9 millones ganan hasta un salario mínimo. La tasa de participación económica cayó de 60.2% a 59.2%, y la población no económicamente activa creció en 1.7 millones. La "primavera laboral" es un eslogan político que no resiste el contraste con los datos. La precariedad laboral limita el consumo interno, reduce la recaudación fiscal y profundiza la desigualdad.

Las finanzas públicas reflejan la fragilidad del modelo. El déficit presupuestario creció 19.5% real en el primer semestre, y el balance primario cayó 51.3%. El gasto en desarrollo social aumentó 9.7% real, con incrementos de 18.3% en salud y 13.5% en educación, pero la recaudación del ISR cayó 6.2% real y los ingresos tributarios apenas crecieron 0.4% real. El gobierno financia el gasto social con deuda: el saldo nominal de la deuda creció de 18.1 a 20.3 billones de pesos en el semestre, aunque se mantiene estable como porcentaje del PIB (51%). La sostenibilidad fiscal depende de la recuperación del crecimiento y de una reforma fiscal, pero la caída del ISR y el estancamiento de la recaudación real limitan el margen de maniobra. La política social es necesaria, pero insostenible sin un aumento de los ingresos.

El sector externo muestra un superávit acumulado de 9,255 mdd, impulsado por las exportaciones manufactureras no automotrices, pero la dependencia de Estados Unidos (84.5% de las exportaciones no petroleras) y de insumos importados (56.3% de crecimiento anual en importaciones de bienes intermedios) es una vulnerabilidad estructural. El déficit de julio de 848 mdd rompió la racha de superávits, y la balanza de servicios es deficitaria. Si el superávit comercial se erosiona, el tipo de cambio podría presionarse al alza, afectando la inflación y el costo de la deuda. La economía mexicana necesita diversificar sus mercados de exportación y fortalecer su cadena de valor local, pero la inversión privada en maquinaria y equipo nacional cayó 9.0% acumulado, lo que limita la capacidad de producir insumos localmente.

El balance de la economía mexicana en el segundo trimestre de 2026 es de una recuperación frágil y desigual. El PIB crece, pero el empleo formal cae; el consumo y el gasto público sostienen la demanda, pero la inversión privada se contrae; el superávit comercial es positivo, pero la dependencia externa es alta; el déficit fiscal crece, y la recaudación se estanca. La economía no está en recesión, pero tampoco en un crecimiento sólido. Está en una pausa, esperando que la inversión privada se reactive, que el empleo formal se recupere y que las finanzas públicas se estabilicen. Si estos factores no mejoran, el crecimiento podría desacelerarse aún más en el segundo semestre. El desafío para la política económica es transformar esta pausa en un crecimiento inclusivo y sostenible, pero las condiciones externas e internas no son favorables.

México en cifras: los desequilibrios de la recuperación

Variación anual, porcentaje y puntos porcentuales, primer semestre y segundo trimestre de 2026
Fuentes: INEGI (PIB, IGPERS, ENOE, IMCP, IMFBCF, IGAE, IOAE), SHCP (Balance del Sector Público, primer semestre 2026), INEGI, SAT, SE, Banxico (BCMM, julio 2026).
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