La inflación en México registró 3.8% anual en noviembre de 2025, una disminución de 0.7 puntos porcentuales respecto al mismo mes del año anterior. Sin embargo el costo de subsistir en el país sigue ejerciendo presión sobre los hogares más vulnerables: la canasta alimentaria creció 4.4%, superando la inflación general.
Mexconomy — Las Líneas de Pobreza Extrema por Ingresos (LPEI) —que miden el valor de la canasta alimentaria básica— alcanzaron $1,854.63 mensuales en el ámbito rural y $2,462.71 en el urbano. Esta brecha de más de $600 pesos expone la disparidad territorial en el acceso a alimentos, un fenómeno que se intensifica cuando se analiza la composición del gasto: mientras en zonas rurales el bistec de res registró un incremento anual de 18.8% y la molida de res subió 17.5%, en las ciudades la leche pasteurizada experimentó un alza de 8.9%, convirtiendo productos básicos en artículos cada vez menos accesibles.
La carne: el gran problema
El análisis detallado revela que los alimentos consumidos fuera del hogar y las proteínas cárnicas son los principales responsables del encarecimiento. En el ámbito rural, estos rubros concentraron más del 80% de la incidencia inflacionaria de la canasta alimentaria. El precio del bistec de res pasó a $195 por kilogramo en zonas rurales y $199.93 en urbanas, mientras que la molida alcanzó los $155.59 y $159.64 respectivamente. Para una familia que requiere al menos 1,528 gramos de alimentos diarios en el campo y 1,717 gramos en la ciudad, estas variaciones no son triviales: representan la diferencia entre comer proteína animal o resignarse a alternativas más baratas.
El problema se agrava al examinar las Líneas de Pobreza por Ingresos (LPI) —que incluyen bienes y servicios no alimentarios—, las cuales llegaron a $3,447.63 en zonas rurales y $4,809.10 en urbanas. Aquí, la canasta alimentaria representó 47% de la incidencia inflacionaria rural y 57.5% de la urbana, evidenciando que comer está consumiendo una proporción cada vez mayor del ingreso familiar. Los rubros de cuidados personales (6.9% rural, 7% urbano), transporte público (6.2% rural) y educación (5.7% urbano) completan el cuadro de presiones sobre el bolsillo.
Aunque la inflación general muestra moderación, la inflación mensual de noviembre repuntó a 0.7%, rompiendo la estabilidad de 0.3% mensual sostenida entre enero y julio. Este despertar inflacionario, sumado a la volatilidad de productos esenciales como la carne y los lácteos, plantea dudas sobre la capacidad de millones de mexicanos para mantener su nivel de consumo alimentario. Con más de 13.83 comidas mensuales consumidas fuera del hogar en promedio urbano —valoradas en $760.81—, la pregunta urgente es: ¿cuánto tiempo podrán las familias sostener este gasto antes de que la pobreza alimentaria se profundice?

0 Comentarios