Los bonos soberanos de Venezuela y de PDVSA subieron hasta 20% en mercados internacionales tras la captura de Nicolás Maduro por Estados Unidos, reactivando expectativas de reestructuración de deuda en Caracas después de ocho años de impago.

Mexconomy — El mercado financiero internacional reaccionó con rapidez ante la captura de Nicolás Maduro durante el fin de semana, un hecho que alteró de forma inmediata la valuación del riesgo venezolano. Este lunes, los bonos del Estado de Venezuela, en suspensión de pagos desde 2017, registraron su mayor avance diario en años, reflejando la expectativa de un cambio político con implicaciones fiscales y financieras profundas.

Los títulos de deuda emitidos por el Gobierno venezolano y por Petróleos de Venezuela (PDVSA) llegaron a subir hasta 8.5 centavos por dólar, con incrementos cercanos al 20% en una sola sesión. De acuerdo con datos de mercado, los bonos soberanos con vencimiento en 2031 se aproximaron a los 40 centavos, mientras que otros instrumentos se ubicaron entre 35 y 38 centavos. En el caso de PDVSA, la mayoría de los bonos superó los 30 centavos, niveles no observados desde antes del colapso financiero del país.

Analistas de JPMorgan señalaron que los bonos venezolanos ya duplicaron su valor a lo largo de 2025 y anticiparon que el repunte podría prolongarse en el corto plazo. Este comportamiento se explica por la percepción de que una eventual transición política abriría la puerta a una negociación integral con acreedores, tras años de sanciones y aislamiento financiero. En términos relativos, los bonos de Venezuela se habían convertido ya en los de mejor desempeño global en lo que va del año.

El desafío sigue siendo mayúsculo. Venezuela y PDVSA mantienen bonos en default por cerca de 60 mil millones de dólares, mientras que la deuda externa total, incluyendo préstamos bilaterales y laudos arbitrales, oscila entre 150 mil y 170 mil millones de dólares. Expertos de UBS Global Wealth Management y Citi coinciden en que una reestructuración requerirá recortes significativos, nuevos instrumentos de largo plazo y un delicado equilibrio fiscal para restablecer la sostenibilidad de la deuda.

El repunte observado no resuelve los problemas financieros de fondo, pero sí marca un punto de inflexión en la percepción del riesgo venezolano. Los mercados descuentan ahora un escenario distinto al de los últimos ocho años, aunque la viabilidad de una reestructuración dependerá de decisiones políticas, marcos legales y de la capacidad del país para reconstruir su credibilidad económica.

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