El INEGI reporta 60.2 millones de ocupados en marzo de 2026, pero la informalidad sube, la participación cae y casi 4 de cada 10 trabajadores enfrentan condiciones críticas. Los números crecen; el empleo, no.

Mexconomy — El mercado laboral mexicano cerró el primer trimestre de 2026 con una fotografía de doble exposición: la superficie muestra cifras de ocupación históricamente altas, pero el revelado lento expone un tejido productivo que se deteriora por dentro. Los datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), publicados el 24 de abril de 2026, documentan ese contraste con precisión quirúrgica.

En marzo de 2026, la población económicamente activa alcanzó 61.6 millones de personas, 558 mil más que en el mismo mes del año anterior. La población ocupada llegó a 60.2 millones: un máximo histórico. Leída así, la economía parece funcionar. El IMSS, por su parte, registra 22.7 millones de trabajadores formales en nómina —cifra que puede consultarse en detalle en el seguimiento de empleo IMSS. El titular se escribe solo: México genera empleo.

Pero los números de la ENOE no mienten por lo que dicen, sino por lo que callan.

La grieta bajo los cimientos

La tasa de participación económica cayó de 59.3% a 58.6% en doce meses. Eso significa que, pese a haber más trabajadores en términos absolutos, una proporción mayor de la población en edad de trabajar abandonó la búsqueda de empleo o simplemente dejó de intentarlo. La población no económicamente activa creció en 1.7 millones de personas, hasta 43.6 millones. No son jubilados ni estudiantes en su totalidad: son, en parte, desalentados que ya no cuentan.

Al mismo tiempo, la tasa de desocupación subió de 2.2% a 2.4%, lo que equivale a 136 mil personas más sin trabajo y buscándolo activamente. La tasa entre mujeres trepó de 2.3% a 2.7%. Y la tasa de condiciones críticas de ocupación —quienes trabajan en condiciones de ingreso o jornada inadecuadas— pasó de 38.4% a 39.6%: el mayor salto en ese indicador en cinco años. Casi cuatro de cada diez trabajadores no tienen un empleo digno en términos de tiempo o remuneración.

La informalidad laboral sumó 33 millones de personas, empujando la tasa de 54.3% a 54.8%. Después de tres años de descenso continuo, el indicador invirtió su tendencia. Más de la mitad del empleo en México opera sin seguridad social, sin contrato, sin red.

Quién pierde, quién gana

El desglose sectorial revela la textura del problema. La industria manufacturera perdió 149 mil empleos respecto a marzo de 2025; la construcción, 76 mil; los transportes y comunicaciones, 238 mil; los servicios sociales, 171 mil; y el gobierno y organismos internacionales, 125 mil. El sector secundario —el motor tradicional del empleo formal y productivo— retrocede en conjunto 180 mil plazas.

¿Quién absorbió esa masa? El sector primario —agricultura, ganadería y pesca— creció 452 mil personas, y los servicios diversos, 322 mil. Es decir: el mercado laboral mexicano está migrando del trabajo industrial y de gobierno hacia el campo y la informalidad de servicios. No es sustitución productiva; es regresión estructural.

El escenario político complica la lectura. Un gobierno que reduce plantilla en organismos públicos (-125 mil en gobierno), que ve caer la manufactura en plena apuesta por el nearshoring, y que enfrenta una tasa de informalidad al alza, tiene una narrativa laboral que no cuadra con su discurso. Los datos del INEGI no son una opinión: son el estado real de las cosas. Y el estado real es que el empleo crece, pero la calidad del empleo se erosiona. Esa es la diferencia entre el los indicadores y la historia.

Indicadores laborales clave, marzo de cada año (ENOE, INEGI)

Fuente: INEGI, ENOE. Porcentaje. Participación: % de pob. 15+. Desocupación e informalidad: % de PEA u ocupados según corresponda.

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