El INEGI reporta que Puebla generó 56 mil empleos en el primer trimestre de 2026, pero la informalidad laboral escaló a 70.9%. El turismo alcanza récord con 201 mil puestos, mientras el empleo juvenil y los bajos salarios persisten como desafíos.

Pueconomy — La economía poblana muestra una paradoja preocupante: crea empleos, pero la mayoría son precarios. Los datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), correspondientes al primer trimestre de 2026, revelan que la entidad generó 56 mil nuevos puestos de trabajo en comparación con el mismo periodo de 2025, elevando la población ocupada a 3.1 millones de personas. Sin embargo, la tasa de informalidad laboral alcanzó el 70.9%, lo que significa que más de dos de cada tres trabajadores poblanos carecen de acceso a la seguridad social y prestaciones laborales. Esta cifra coloca a Puebla muy por encima de la media nacional (55.0%) y refleja una estructura productiva dominada por micronegocios y empleos sin protección, en un contexto donde la economía local crece moderadamente impulsada por el turismo y el comercio.

El sector turístico se perfila como el principal motor de la generación de empleo formal en el estado. Los servicios de alojamiento y restaurantes alcanzaron 201,179 empleos en el primer trimestre de 2026, la cifra más alta en los últimos cinco años. De estos, 67.5% son ocupados por mujeres, lo que convierte a la industria turística en un importante generador de empleo femenino en una entidad donde la participación económica de las mujeres sigue siendo baja (45.7% en el ámbito nacional). Sin embargo, la calidad de estos empleos es cuestionable: la mayoría se concentra en establecimientos de pequeña escala, con jornadas prolongadas y salarios que no superan los dos salarios mínimos. La ciudad de Puebla, en particular, concentra 816,229 empleos en el sector terciario (comercio y servicios), lo que representa el 74.6% de la fuerza laboral de la capital, pero la informalidad en este sector ronda el 70%, lo que limita el acceso a créditos y la capacidad de consumo.

El empleo juvenil en Puebla presenta un rostro preocupante. De los 56 mil desocupados en el estado, 22,672 son jóvenes de 15 a 24 años, lo que representa el 40% del total de desempleados. Aunque la tasa de desocupación total del estado es baja (1.8%), el desempleo juvenil es estructuralmente más alto. Aún más alarmante: el 83.2% de estos jóvenes desocupados cuentan con estudios de nivel medio superior o superior, lo que evidencia la falta de oportunidades laborales para la población educada. Este fenómeno se agrava en un contexto donde el PIB real de México se contrajo en el primer trimestre y la industria manufacturera —que en Puebla representa el 16.4% de la ocupación— muestra un estancamiento, con una caída del 1.5% anual en su producción, según el IMAI de mayo. Los jóvenes poblanos, especialmente los que terminan la universidad, enfrentan barreras para acceder a empleos de calidad, lo que fomenta la migración hacia otras entidades o la inserción en la informalidad.

La construcción, que había sido un sector dinámico en meses anteriores, muestra señales de desaceleración en Puebla, con solo el 8.9% de la ocupación total. El empleo en este sector creció de manera marginal, a pesar de que el gobierno estatal ha impulsado proyectos de infraestructura vial y educativa. La manufactura, que en el estado incluye la industria automotriz y textil, mantiene su peso (16.4%), pero enfrenta una contracción de la demanda en Estados Unidos y una creciente incertidumbre por la revisión del T-MEC. Las exportaciones manufactureras de la entidad cayeron en los primeros meses de 2026, afectando la creación de empleos formales. La dependencia de sectores de bajo valor agregado y alta informalidad expone a la economía poblana a choques externos, especialmente ante la volatilidad del tipo de cambio y el precio de los energéticos.

Uno de los datos más reveladores es el deterioro de los ingresos laborales en la capital poblana. En el primer trimestre de 2026, el número de trabajadores que perciben hasta un salario mínimo creció 22.4% en la ciudad de Puebla, pasando de 426,959 a 522,709. Esto significa que medio millón de trabajadores formales e informales en la capital viven con ingresos de entre 3,900 y 4,500 pesos al mes, insuficientes para cubrir la canasta básica, que en junio de 2026 se encareció 3.04% anual (según el INPC de la canasta de consumo mínimo). Esta presión sobre los ingresos se refleja en el incremento de la tasa de condiciones críticas de ocupación, que a nivel nacional alcanzó 38.5%, y en Puebla podría ser aún mayor debido a la alta informalidad. El estancamiento salarial, combinado con la inflación subyacente (4.03% anual), reduce el poder adquisitivo de las familias poblanas y limita el consumo interno, alimentando un círculo vicioso de baja demanda y crecimiento mediocre.

El panorama laboral de Puebla refleja las contradicciones de la economía mexicana: crea empleos, pero no empleos de calidad; crece el turismo, pero con precariedad; se educa a los jóvenes, pero no se les ofrece oportunidades. Mientras la tasa de desocupación (1.8%) es baja en términos estadísticos, la informalidad (70.9%) y el subempleo erosionan el bienestar de la mayoría de la población ocupada. La entidad necesita una política industrial activa que diversifique su base productiva, atraiga inversión en sectores de mayor valor agregado y fortalezca la capacitación de los jóvenes. El INEGI continuará publicando datos trimestrales que permitirán evaluar si estos indicadores mejoran o se profundiza la precarización, pero por ahora, Puebla suma empleos, pero pierde calidad de vida laboral.


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