El INEGI y Banxico reportan un ICC de 45.0 puntos en julio, con un aumento mensual de 1.1 puntos. Sin embargo, la confianza acumula una caída anual de 0.7 puntos. La percepción sobre el país y el empleo sigue deteriorándose pese al crecimiento del PIB.
Mexconomy — La confianza del consumidor mexicano mostró un respiro en julio, pero no logra revertir la tendencia negativa que arrastra desde hace un año. El Indicador de Confianza del Consumidor (ICC), elaborado por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) y el Banco de México, se ubicó en 45.0 puntos en el séptimo mes de 2026, lo que representó un incremento mensual de 1.1 puntos respecto a junio. Sin embargo, en la comparación anual, el indicador cayó 0.7 puntos, evidenciando que la percepción de los hogares sobre su bienestar y el del país sigue siendo frágil, en un contexto donde el Producto Interno Bruto (PIB) creció 2.1% anual en el segundo trimestre, pero el empleo formal se contrajo 1.3% y la informalidad alcanzó el 55.0% de la población ocupada.
El repunte mensual del ICC se explica por una mejora en los componentes relacionados con la situación del país. La percepción sobre la situación económica actual del país subió 1.7 puntos, y la expectativa sobre el futuro del país aumentó 1.8 puntos, alcanzando 39.4 y 45.7 puntos, respectivamente. No obstante, estos indicadores siguen muy por debajo del nivel neutral (50 puntos), y en términos anuales cayeron 1.3 y 1.4 puntos, lo que indica que los hogares consideran que la economía nacional está peor que hace un año y que el futuro no es más alentador. La situación económica del hogar mejoró ligeramente (+0.5 puntos mensuales), pero las expectativas para los próximos 12 meses también se mantienen por debajo del nivel de 2025 (-0.5 puntos anuales). La propensión a comprar bienes duraderos, como muebles o electrodomésticos, subió 1.0 punto en el mes, pero se mantiene en un nivel muy bajo (31.1 puntos), señal de que los hogares no se sienten con la solvencia suficiente para realizar gastos de capital.
La debilidad de la confianza del consumidor es consistente con el deterioro del mercado laboral formal. El Índice Global de Personal Ocupado de los Sectores Económicos (IGPOSE) mostró una caída anual de 1.3% en mayo, con el personal dependiente (asalariado) descendiendo 1.1% y el no dependiente 3.3%. Esta contracción del empleo formal reduce la base de trabajadores con ingresos estables y acceso a seguridad social, lo que explica que los hogares perciban una menor capacidad de ahorro y consumo. La Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) de junio confirmó que la población ocupada cayó en 84 mil personas y la informalidad subió a 55.0%, mientras que las condiciones críticas de ocupación alcanzaron 38.5%, su nivel más alto desde 2021. En este escenario, la mejora mensual del ICC parece más un rebote técnico que un cambio de tendencia.
La percepción sobre el empleo a futuro es particularmente negativa: el indicador complementario de la ENCO que mide la situación esperada del empleo en el país cayó 3.2 puntos anuales, situándose en 45.2 puntos. Los hogares anticipan que la generación de puestos de trabajo no mejorará en los próximos 12 meses, lo que limita su disposición a consumir y ahorrar. Las posibilidades de ahorrar también se redujeron 0.8 puntos anuales, a pesar de que la inflación general se moderó a 3.37% en junio, y la percepción sobre los precios futuros mejoró (+1.6 puntos mensuales). La Secretaría de Hacienda reportó que la recaudación del IVA creció 10.6% real en el primer semestre, impulsada por fiscalización, pero el consumo interno sigue siendo frágil: el ICC de julio sugiere que los hogares están consumiendo lo necesario, no lo deseado.
El contraste entre el crecimiento del PIB (2.1% anual en el segundo trimestre) y la caída de la confianza del consumidor es uno de los datos más reveladores del expediente. La economía crece, pero los hogares no lo perciben, porque el crecimiento está concentrado en el sector primario (7.3% anual, con poco empleo formal) y en el gasto público, mientras que la industria y los servicios privados no están generando empleos de calidad. La SHCP destaca que el gasto en desarrollo social aumentó 9.7% real, pero esto no ha sido suficiente para restaurar la confianza: los hogares ven que el empleo formal se contrae, que la informalidad crece y que los ingresos reales no mejoran. La política social protege, pero no genera las condiciones para que los hogares se sientan optimistas sobre su futuro. El ICC de julio es un recordatorio de que la recuperación económica aún no llega a los bolsillos de los mexicanos.

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