La participación económica de las mujeres subió a 41.0% en 2025, pero la brecha con los hombres (70.6%) es de 29.6 puntos. La informalidad y la precariedad laboral las afectan más. Solo 66.8% de asalariados tiene prestaciones y 55.9% servicio médico.

Mexconomy — Las mujeres mexicanas están avanzando en el mercado laboral, pero la brecha de género persiste. La Encuesta Intercensal (EIC) 2025 del INEGI revela que la tasa de participación económica de las mujeres de 12 años y más subió de 38.8% en 2020 a 41.0% en 2025, un incremento de 2.2 puntos porcentuales. En los hombres, la tasa se mantuvo prácticamente sin cambios, al pasar de 70.4% a 70.6%. La brecha de género en la participación económica es de 29.6 puntos porcentuales: mientras 7 de cada 10 hombres en edad de trabajar participan en el mercado laboral, solo 4 de cada 10 mujeres lo hacen. El avance es real, pero insuficiente para cerrar una brecha que se ha mantenido durante décadas y que sigue siendo una de las más altas de América Latina.

La tasa de participación económica nacional —que mide la proporción de la población de 12 años y más que trabaja o busca trabajo— pasó de 54.0% en 2020 a 55.1% en 2025. El aumento se explica casi en su totalidad por la incorporación de las mujeres: de los 1.1 puntos porcentuales de incremento, 2.2 puntos provienen del aumento de la participación femenina, mientras la participación masculina se mantuvo estancada. Si las mujeres tuvieran la misma tasa de participación que los hombres, la fuerza laboral de México sería 20 millones de personas mayor. Esa es la magnitud del potencial desaprovechado. El Banco Mundial estima que cerrar la brecha de género en la participación laboral podría aumentar el PIB de México entre 15% y 25% en el mediano plazo. La EIC 2025 confirma que el país está avanzando en esa dirección, pero a un ritmo demasiado lento.

Las entidades con mayor participación económica son Baja California Sur (62.1%), Quintana Roo (61.6%) y Colima (59.9%). Las de menor participación son Chiapas (49.9%), Tabasco (50.2%) y Zacatecas (50.7%). La diferencia entre la entidad más dinámica y la menos dinámica es de 12.2 puntos porcentuales. Las entidades con mayor participación son las que tienen economías más dinámicas vinculadas al turismo (BCS, QRoo) o a la industria manufacturera de exportación (Colima, Baja California, Chihuahua). Las entidades con menor participación son las que tienen economías más dependientes del sector primario (Chiapas, Tabasco, Zacatecas). La participación laboral no es solo un indicador de género: es un indicador de desarrollo económico. Las regiones con menos participación femenina son también las más pobres.

El sector de ocupación muestra una fuerte concentración en los servicios: 44.2% de la población ocupada trabaja en servicios, 19.5% en comercio y 16.4% en actividades industriales. Las mujeres están sobrerrepresentadas en los servicios y el comercio, y subrepresentadas en la industria y la construcción. Esto tiene implicaciones para la calidad del empleo: los sectores de servicios y comercio tienen mayores tasas de informalidad, menores salarios y menos prestaciones que la industria manufacturera. La posición en el trabajo muestra que 70.5% de los ocupados son asalariados y 24.0% trabajan por cuenta propia. Las mujeres tienen una mayor proporción de trabajo por cuenta propia (que suele ser informal) y una menor proporción de empleo asalariado. La Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) de julio de 2026 confirma que la informalidad laboral alcanza el 56.2% a nivel nacional, y que las mujeres son las más afectadas.

Las prestaciones laborales son otro indicador de la calidad del empleo. La EIC 2025 muestra que 66.8% de los asalariados tiene al menos una prestación laboral, 64.0% recibe aguinaldo, 58.5% tiene vacaciones con goce de sueldo y 55.9% cuenta con servicio médico. Pero estos promedios esconden grandes desigualdades. Los trabajadores con educación media superior o superior tienen una probabilidad mucho mayor de tener prestaciones que los que solo tienen primaria o secundaria. Las mujeres, que en promedio tienen un grado de escolaridad ligeramente inferior al de los hombres (10.2 vs 10.3 años), tienen menor acceso a prestaciones. Y las trabajadoras del sector servicios y comercio, donde se concentra el empleo femenino, tienen menos prestaciones que los trabajadores de la industria y la construcción. La brecha de género en prestaciones es una de las expresiones más claras de la desigualdad laboral.

La movilidad cotidiana por motivos de trabajo también muestra diferencias. El 51.5% de la población ocupada tarda 30 minutos o menos en llegar a su lugar de trabajo, mientras el 19.8% emplea entre 31 minutos y una hora. El principal medio de traslado es el automóvil o camioneta (30.9%), seguido del transporte público colectivo (25.8%) y los traslados caminando (23.8%). Las mujeres dependen más del transporte público y de caminar, mientras los hombres tienen mayor acceso al automóvil. El 16.6% de la población ocupada trabaja en un municipio, demarcación territorial o país distinto al de su residencia. La movilidad laboral es un factor que afecta la participación económica de las mujeres: si el transporte público es deficiente o inseguro, las mujeres tienen menos probabilidades de aceptar empleos lejanos. La Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) de 2026 reporta que el 65.6% de las mujeres se siente insegura en su ciudad, frente al 52.6% de los hombres. La inseguridad es una barrera adicional para la participación laboral femenina.

La población no económicamente activa representa el 44.6% de la población de 12 años y más, una proporción ligeramente inferior a la de 2020 (45.6%). La principal situación de esta población es la dedicación a los quehaceres del hogar, que representa el 44.1% del total (vs 45.6% en 2020). Le siguen los estudiantes (32.3%) y los pensionados o jubilados (10.9%). Los quehaceres del hogar son la principal actividad no económica de las mujeres: la mayoría de las 20 millones de personas que se dedican a esta actividad son mujeres. La distribución desigual del trabajo doméstico y de cuidados es una de las principales causas de la menor participación laboral femenina. Sin políticas de conciliación trabajo-familia —como guarderías accesibles, licencias parentales compartidas y horarios flexibles—, la brecha de género en la participación laboral seguirá siendo alta.

El balance de la EIC 2025 en materia de género y mercado laboral es el de un avance lento y desigual. La participación económica de las mujeres subió a 41.0%, un incremento de 2.2 puntos porcentuales en cinco años, pero la brecha con los hombres (70.6%) es de 29.6 puntos. La informalidad (56.2%) y la precariedad (38.9% de condiciones críticas de ocupación) afectan más a las mujeres. Solo el 55.9% de los asalariados tiene servicio médico. La distribución desigual del trabajo doméstico y de cuidados, la inseguridad pública y la falta de políticas de conciliación son barreras estructurales que limitan la participación laboral femenina. La EIC 2025 documenta el avance y también la brecha. Cerrar esa brecha no es solo una cuestión de justicia de género: es una condición para el crecimiento económico de México. Sin la incorporación plena de las mujeres al mercado laboral, el país no podrá compensar la caída de la población joven en edad productiva que la propia EIC documenta.

Participación económica por sexo en México

Tasa de participación económica de la población de 12 años y más (%), 2020 y 2025

Indicador 2020 2025 Cambio
Tasa de participación económica (12+) 54.0% 55.1% +1.1 pp
Mujeres 38.8% 41.0% +2.2 pp
Hombres 70.4% 70.6% +0.2 pp
Brecha de género 31.6 pp 29.6 pp -2.0 pp
Tasa de ocupación 96.6% 97.0% +0.4 pp
Sector de ocupación 44.2% Servicios
↳ Comercio 19.5%
↳ Actividades industriales 16.4%
Posición en el trabajo 70.5% Asalariados
↳ Cuenta propia 24.0%
Prestaciones laborales (asalariados) 66.8% Al menos una
↳ Aguinaldo 64.0%
↳ Vacaciones con goce 58.5%
↳ Servicio médico 55.9%
Población no económicamente activa (12+) 45.6% 44.6% -1.0 pp
↳ Quehaceres del hogar 45.6% 44.1% -1.5 pp
↳ Estudiantes 31.8% 32.3% +0.5 pp
↳ Pensionados o jubilados 8.2% 10.9% +2.7 pp
Movilidad laboral (≤30 min) 51.5%
↳ Automóvil o camioneta 30.9%
↳ Transporte público 25.8%
↳ Caminando 23.8%
Trabaja en otro municipio, demarcación o país 16.6%

La tasa de participación económica de las mujeres subió de 38.8% en 2020 a 41.0% en 2025 (+2.2 pp), mientras la de los hombres se mantuvo prácticamente sin cambios (70.4% a 70.6%). La brecha de género se redujo de 31.6 a 29.6 puntos porcentuales, pero sigue siendo una de las más altas de América Latina. El 70.5% de los ocupados son asalariados y el 24.0% trabaja por cuenta propia. El 66.8% de los asalariados tiene al menos una prestación laboral, pero solo el 55.9% cuenta con servicio médico. La población no económicamente activa representa el 44.6%, y dentro de ella, los quehaceres del hogar son la principal actividad (44.1%), concentrada mayoritariamente en mujeres. La movilidad laboral muestra que el 30.9% de los ocupados usa automóvil, el 25.8% transporte público y el 23.8% camina. La brecha de género en la participación económica es de 29.6 puntos porcentuales: la mitad de la fuerza laboral potencial de México está subutilizada.

Mexconomy | Fuentes: INEGI (Encuesta Intercensal, EIC 2025, Reporte de Resultados 37/26, publicado el 22 de septiembre de 2026; Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, ENOE, julio 2026; Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana, ENSU, segundo trimestre 2026). Banco Mundial (estimaciones sobre el impacto de cerrar la brecha de género en la participación laboral).
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