Musk afirma que hacia 2036 el dinero será irrelevante porque la IA y los robots harán innecesario el trabajo. Pero abundancia no significa eliminar la escasez ni la propiedad: la verdadera revolución sería transformar las bases económicas del capitalismo.
Mexconomy — Elon Musk volvió a poner fecha al futuro: 2036. Para entonces, sostiene, el dinero “no importará”. Su razonamiento parece sencillo: si la inteligencia artificial y los robots producen más bienes y servicios de los que cualquier ser humano puede consumir, trabajar será opcional y el dinero perderá su función.
La hipótesis es provocadora, pero contiene un salto gigantesco: confunde abundancia productiva con desaparición de la escasez.
La automatización puede reducir radicalmente el trabajo necesario para producir alimentos, manufacturas, software, servicios y conocimiento. Musk acaba de llevar esa apuesta todavía más lejos: en una intervención ante el G20, pronosticó que habrá más de mil millones de robots humanoides en una década, cada uno con una productividad equivalente a cinco humanos.
Pero incluso una economía extraordinariamente automatizada seguirá enfrentando recursos finitos: energía, agua, minerales, territorio, infraestructura, capacidad computacional y bienes cuya disponibilidad es necesariamente limitada. La abundancia puede desplazar la escasez; difícilmente puede eliminarla.
Y aquí aparece una pregunta que Musk prácticamente salta: ¿quién posee las máquinas?
Porque el dinero no es únicamente un mecanismo para comprar comida, vivienda o entretenimiento. Es también una forma de registrar propiedad, crédito, deuda, inversión, rentabilidad y derechos sobre recursos futuros. La historia monetaria estudiada por John Kenneth Galbraith muestra precisamente la estrecha relación entre dinero, bancos, crédito, finanzas y organización económica.
La paradoja es formidable: Musk utiliza la acumulación de capital para construir las máquinas que, según su propia tesis, terminarán haciendo irrelevante el dinero que permitió construirlas.
Si el dinero desapareciera realmente, no desaparecerían sólo los billetes. Tendrían que transformarse categorías enteras: salarios, intereses, beneficios, dividendos, deuda, bolsas, sociedades de inversión, tipos de cambio y buena parte del sistema financiero que conocemos como capitalismo.
Por eso la pregunta de fondo no es si los robots producirán abundancia. Es qué ocurrirá con una economía en la que el trabajo humano deje de ser necesario para producir la mayor parte de los bienes, pero la propiedad de las máquinas continúe concentrada.
Musk podría tener razón en una cosa: trabajar podría convertirse en opcional.
Pero de ahí no se desprende que el dinero desaparezca.
Y mucho menos que desaparezca la economía política de la propiedad, el poder y la distribución.
La verdadera revolución no sería vivir sin dinero.
Sería descubrir qué sistema económico puede existir cuando el trabajo deja de ser el mecanismo fundamental mediante el cual los seres humanos obtienen derecho sobre lo que producen las máquinas.

0 Comentarios