La economía mexicana crece a un ritmo de 2.1% anual, pero el empleo formal en sectores productivos se contrae 1.5% en junio. La informalidad alcanza 56.2% y las condiciones críticas de ocupación suben a 38.9%, el nivel más alto en cinco años.
Mexconomy — La economía mexicana crece, pero el empleo formal no la acompaña. El Producto Interno Bruto (PIB) real avanzó 2.1% anual en el segundo trimestre de 2026, según la estimación oportuna del INEGI, una recuperación que revierte la contracción de 0.6% del trimestre anterior. Sin embargo, el empleo formal en los sectores productivos —construcción, industrias manufactureras, comercio y servicios privados no financieros— cayó 1.5% anual en junio, según el Índice Global de Personal Ocupado (IGPOSE). El personal dependiente (asalariado) se redujo 1.4%, y el personal no dependiente (subcontratado) se desplomó 5.2%. Esta desconexión entre el crecimiento y el empleo formal es la principal contradicción de la economía mexicana: el PIB crece, pero los empleos de calidad se destruyen.
La Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) de julio profundiza el diagnóstico. La población ocupada total cayó en 45 mil personas respecto al mismo mes de 2025, y la tasa de informalidad alcanzó 56.2%, lo que significa que 34.1 millones de trabajadores carecen de seguridad social y prestaciones. La tasa de condiciones críticas de ocupación subió de 37.3% a 38.9%, su nivel más alto desde 2021: 23.6 millones de personas ganan menos de un salario mínimo, trabajan menos de 35 horas semanales por razones ajenas, o laboran más de 48 horas con ingresos insuficientes. La población que gana hasta un salario mínimo aumentó en 168 mil personas, alcanzando 27.9 millones (45.9% del total). La "primavera laboral" que el gobierno celebra no aparece en las estadísticas oficiales.
La industria manufacturera, que es el principal generador de empleos formales, muestra la mayor debilidad. La Encuesta Mensual de la Industria Manufacturera (EMIM) reportó una caída anual de 1.5% en el personal ocupado total en junio, con el personal no dependiente desplomándose 5.2%. Los subsectores más afectados son la fabricación de equipo de transporte (-3.4% anual), muebles (-3.9%) e insumos textiles (-3.9%). La producción manufacturera cayó 2.4% anual en junio, y el acumulado enero-junio muestra una contracción de 1.1% en el PIB real de las manufacturas. La Encuesta Mensual de Opinión Empresarial (EMOE) de agosto confirma que los empresarios no esperan una recuperación del empleo: el componente de personal ocupado en manufacturas se mantiene por debajo de 50 puntos por décimo mes consecutivo.
La debilidad del empleo formal tiene efectos directos sobre el consumo y la recaudación fiscal. El Indicador Mensual del Consumo Privado (IMCP) cayó 0.4% mensual en junio y creció solo 1.6% anual, con el consumo de bienes nacionales retrocediendo 0.9% mensual. La Secretaría de Hacienda reportó que la recaudación del Impuesto sobre la Renta (ISR) cayó 6.2% real en el primer semestre, en parte por la contracción del empleo formal y la menor rentabilidad empresarial. La alta informalidad (56.2%) y la precariedad laboral (38.9%) limitan la capacidad de los hogares para consumir y ahorrar, y reducen la base tributaria del gobierno, que financia el gasto social récord con deuda creciente. La economía mexicana enfrenta un círculo vicioso: el crecimiento no genera empleos de calidad, la falta de empleos formales reduce el consumo y la recaudación, y la precariedad se profundiza.
La desconexión entre el PIB y el empleo formal es el síntoma de un modelo de crecimiento que no llega a los hogares. El sector primario, que creció 7.3% anual, genera poco empleo formal; el comercio al por mayor, que creció 11.3%, es intensivo en capital; y el gobierno, que creció 4.3%, sostiene el empleo público pero no el privado. La construcción, que creció 4.8%, genera empleo, pero en su mayoría informal. Mientras el PIB crece 2.1%, la ocupación total cae 45 mil personas y el empleo formal se contrae 1.5%. La productividad está aumentando, pero a costa del empleo formal. El discurso oficial de la "primavera laboral" es una construcción política que no resiste el contraste con los datos. La economía mexicana crece, pero lo hace de manera frágil y desigual, dejando atrás a millones de trabajadores que no ven mejoras en sus condiciones de vida.

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