El gobernador Alejandro Armenta entregó tractores y drones en Chignahuapan para “revolucionar el campo”, pero el sector primario perdió casi 7 mil empleos en el último año y la ocupación cayó de 540 mil a 533 mil personas. Mientras el gobierno presume inversión histórica, el campo poblano se desangra.

Mexconomy — Ante tres mil habitantes de la microrregión de Chignahuapan, el gobernador Alejandro Armenta Mier desplegó un discurso de transformación rural: entregó siete tractores, tres drones y 59 implementos agrícolas para “fortalecer la producción” y “generar riqueza comunitaria”. “El campo es sector primario, si no hay alimento, no hay vida. Trabajamos para que el campo florezca”, declaró, al recordar que existían 700 mil hectáreas en el olvido. La puesta en escena, con maquinaria reluciente y un auditorio de simpatizantes, pretendía mostrar un gobierno que finalmente atiende al agro poblano.

Pero los números cuentan una historia muy distinta. Entre el primer trimestre de 2025 y el mismo periodo de 2026, el sector primario de Puebla —agricultura, ganadería, silvicultura, caza y pesca— perdió 6,966 empleos, al pasar de 516,288 a 509,322 personas ocupadas. La mano de obra en el campo se redujo de 540,796 a 533,533 personas, una caída de 1.3 por ciento en apenas un año. Mientras el gobernador reparte tractores en Chignahuapan, el campo poblano expulsa trabajadores a un ritmo que ningún discurso oficial puede ocultar.

La paradoja es aún más brutal cuando se contrasta con el resto de la economía. El sector secundario (industria, manufactura, construcción) ganó 10,969 empleos en el mismo periodo, y el terciario (comercio y servicios) sumó 71,000. Pero el campo, el sector que el gobernador dice querer “revolucionar”, es el único que se contrae. La agricultura, la ganadería y la silvicultura no solo no crecen: pierden fuerza laboral mientras la industria y los servicios la absorben, aunque sea en condiciones precarias.

El gobierno de Armenta presume una “inversión histórica” de mil 700 millones de pesos para el campo en 2026, frente a los mil 500 millones de 2025. La secretaria de Agricultura asegura que en 2025 se rehabilitaron 29,184 hectáreas, se cultivaron 10,869 con precisión mecánica y se apoyaron 4,593 con fumigación mediante drones. Pero esos esfuerzos, por ahora, no se traducen en más empleo. La meta de recuperar 200 mil hectáreas en 2026 suena ambiciosa, pero choca con la realidad de un sector que no logra retener a su fuerza laboral.

El contraste es particularmente hiriente en Chignahuapan, donde los siete tractores y los tres drones fueron recibidos como un gesto de atención gubernamental. Pero la región, como el resto del estado, enfrenta una crisis estructural: el 22.2% de la población poblana enfrenta carencia alimentaria y más de 1.4 millones de personas no tienen acceso a una alimentación nutritiva. La pobreza en el campo no se resuelve con tractores aislados, sino con políticas sostenidas de desarrollo rural, financiamiento, asistencia técnica y comercialización que el gobierno aún no demuestra.

El discurso de la “revolución del campo” se topa con la cruda realidad de los indicadores. Mientras Armenta promete que “el campo florezca”, los datos muestran un sector que se marchita en términos de ocupación. La pérdida de casi 7 mil empleos en el sector primario poblano no es una anomalía estadística: es el síntoma de un abandono histórico que ni los drones ni los tractores pueden revertir en el corto plazo. El gobernador habla de “riqueza comunitaria”, pero los números hablan de empobrecimiento laboral. La pregunta que queda en el aire, mientras los tractores se encienden en Chignahuapan, es si el campo poblano tendrá tiempo para esperar a que la promesa se convierta en realidad.

Puebla:Economía y Empleo



Fuente: INEGI. Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), primer trimestre de 2025 y 2026; Coneval, medición de pobreza 2024; declaraciones del gobernador Alejandro Armenta en evento público en Chignahuapan, 2026. Elaboración propia con base en datos oficiales.
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