En el segundo trimestre de 2026, en la región Centro —Puebla—, la demanda de tarjetas de crédito se estancó (0.00) y los bancos endurecieron sus condiciones de aprobación (−0.10). Este comportamiento se alinea con el diagnóstico de precariedad laboral que afecta a la entidad: 70.9% de informalidad, 36.2% de pobreza laboral y una caída de 0.94% en el empleo formal.

Mexconomy — El Banco de México, a través de la Encuesta sobre las Condiciones en el Mercado de Crédito (EnBan) correspondiente al segundo trimestre de 2026, ofrece una radiografía del comportamiento del crédito en la región Centro —que incluye Querétaro, Estado de México, Ciudad de México, Morelos, Hidalgo, Tlaxcala y Puebla—. En el segmento de tarjetas de crédito, los datos son reveladores: la demanda se mantuvo sin cambios (0.00), mientras que las condiciones de aprobación se estrecharon (-0.10). Esto significa que, en el segundo trimestre, los hogares no solicitaron más tarjetas y los bancos se volvieron más restrictivos para otorgarlas. Una combinación que refleja un mercado de consumo estancado y una percepción de riesgo al alza por parte de las instituciones financieras.

Este comportamiento no es fortuito. En Puebla, la economía atraviesa una crisis laboral que se ha documentado a lo largo de este expediente. La Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) reporta una informalidad laboral del 70.9%, lo que significa que siete de cada diez trabajadores no tienen acceso a seguridad social, prestaciones ni un ingreso estable. Las condiciones críticas de ocupación (TCCO) alcanzan el 46.3%, y la pobreza laboral afecta al 36.2% de la población, 5.5 puntos por encima de la media nacional. El empleo formal, medido por los trabajadores asegurados en el IMSS, cayó un 0.94% en diciembre de 2025, y el ingreso laboral per cápita es de apenas 2,830 pesos mensuales, un 22.5% inferior a la media nacional. En este contexto, la demanda estancada de tarjetas de crédito no es un signo de saturación del mercado, sino de agotamiento de la capacidad de endeudamiento de los hogares, que no pueden asumir más deudas con ingresos precarios y en descenso.

La restrictividad de los bancos es igualmente sintomática. El endurecimiento en las condiciones de aprobación (-0.10) indica que las instituciones financieras perciben un mayor riesgo de impago en el crédito al consumo. Esta percepción se alinea con los datos nacionales de la EnBan sobre la calidad de la cartera: el 33.3% de los bancos con mayor participación reportaron deterioro en la cartera de consumo. En Puebla, donde la informalidad es masiva y el empleo formal se contrae, el riesgo es aún mayor. El banquero no confía en la capacidad de pago de un trabajador informal que depende de un micronegocio o de un empleo sin prestaciones, y por eso endurece los criterios para otorgarle crédito. Es un ciclo perverso: la precariedad reduce el acceso al crédito, y la falta de crédito limita la capacidad de consumo e inversión de los hogares, perpetuando la precariedad.

El contraste con el crédito hipotecario es aleccionador. Mientras las tarjetas de crédito muestran estancamiento y estrechamiento, el crédito hipotecario en la región Centro presenta demanda creciente (+0.10 en bancos grandes y +0.20 en bancos pequeños) y condiciones relajadas (+0.13). Esta diferenciación revela la lógica de los bancos: el crédito hipotecario está respaldado por una garantía real (la vivienda), lo que lo hace más seguro, mientras que el crédito al consumo (tarjetas) depende exclusivamente de la capacidad de pago del deudor, que en el contexto de Puebla es altamente vulnerable. La banca apuesta por el inmobiliario, pero se retira del consumo, lo que profundiza la dualidad financiera que excluye a los hogares de menores ingresos y a las regiones con mayor precariedad.

El estancamiento de las tarjetas de crédito en la región Centro es un termómetro de la crisis que afecta a Puebla. El gobierno de Alejandro Armenta ha centrado su agenda en #agua, #transporte, #residuos y #obracomunitaria, pero no ha abordado la exclusión financiera que mantiene a los hogares poblanos sin acceso al crédito formal. La demanda estancada de tarjetas no se resolverá con tractores o pavimentación; se necesita una política de empleo digno que aumente los ingresos y la formalidad, y una estrategia de inclusión financiera que acerque el crédito a las PyMEs y a los hogares de bajos ingresos. Mientras tanto, los datos de la EnBan son un recordatorio de que la economía poblana no crece para todos: crece en valor agregado, pero los hogares no tienen dinero para endeudarse y los bancos no confían en su capacidad de pago. La precariedad se refleja en el plástico que no se usa y en la tarjeta que no se aprueba.

Fuentes: Banco de México. Encuesta sobre las Condiciones en el Mercado de Crédito en México (EnBan), segundo trimestre de 2026 (región Centro, que incluye Querétaro, Edomex, CDMX, Morelos, Hidalgo, Tlaxcala y Puebla); INEGI. Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), primer trimestre de 2026; Observatorio Laboral de Puebla, cifras IMSS diciembre 2025; INEGI. Pobreza Laboral (PL), primer trimestre de 2026. Elaboración propia con base en datos oficiales.
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